Google+ Los Colores de la Noche: Esas extrañas criaturas nocturnas

sábado, 15 de octubre de 2011

Esas extrañas criaturas nocturnas

Bajo el título "Los Colores de la Noche" inicio mi andadura en este mundo llamado "blogosfera". ¿Y no es bastante acaso con las redes sociales para tener un escaparate y un púlpito, y (por qué no decirlo) dar rienda suelta a ese poquito de vanidad asociada a mostrar nuestras actividades y lo que nos hace un poco diferentes? Debería; pero prefiero tener un espacio propio más versátil y completo donde se pueda compartir algo más que un estado en un muro. Las redes sociales llegan a estresar, porque al final acabas demasiado obsesionado por a quién "le gusta" y quién calla, y se establece una especie de competición de coleccionistas de pulgares levantados. Así que a partir de ahora mi actividad estará más centrada en construir este blog en el que no pretendo otra cosa que compartir una afición y poner mi granito de arena en la divulgación de la Astronomía, eso sí, con las modestas pretensiones de un aficionado. 

¿Por qué titulo este blog como "los colores de la noche"? Digamos que es más poético que llamarlo "blog de astronomía" o algo así. Además es frecuente oir esta expresión cuando se habla de la obra de Van Gogh, el maestro que mejor ha sabido captar la belleza del cielo estrellado. Por eso también he escogido como cabecera parte de una de sus noches estrelladas, que hoy serían difíciles de contemplar por la excesiva e inadecuada iluminación artificial. Desgraciadamente hoy en día el color del cielo está virando a ese naranja enfermizo resultado de la conjunción del derroche de luz y dinero hacia el cielo con la polución atmosférica originada por el tráfico y la industria. Incluso en zonas rurales hay que alejarse cada vez más de los núcleos porque el derroche y la ostentación han sido hasta ahora el camino seguido.


Los astrónomos aficionados somos criaturas nocturnas en peligro de extinción. Y no porque seamos víctimas de la caza furtiva, o porque haya gente a la que le guste lucir nuestras cabezas sobre una chimenea, pues tampoco es que tengamos por regla general grandes cornamentas; nuestra piel, pálida y lampiña (la luna no da para mayor bronceado), no tiene gran valor tampoco para la industria peletera, ni de nuestras gónadas se extrae afrodisiaco alguno. ¿Cuál es el problema entonces? La destrucción de nuestros hábitats, que nos obliga a viajar a distancias cada vez mayores para tener nuestra ración de alimento intelectual y espiritual. Luces, reflectores, cañones, vistosas casas de lenocinio, cortijos que parecen el Bernabeu en una final... se han extendido por el territorio sin control. Antes era suficiente trasladarse junto a un camino a unos pocos kilómetros de un pueblo, y salvo coincidencia con alguna zona de apareamiento automovilístico, uno podía realizar una noche de observación tranquila y fructífera. Ahora si quieres un cielo aceptable debes alejarte al menos a 10 kilómetros en el caso de un pueblo, y para los aficionados de una ciudad requiere viajar hasta 60 kilómetros y aún así la mitad del cielo sigue siendo de color naranja. Por "suerte" (insisto en las comillas, no se me vayan a enfadar) la crisis actual y el encarecimiento de la energía puede revertir esta situación, y ya las administraciones se están planteando sistemas de eficiencia energética en el alumbrado público, y no porque nos tengan en especial estima a los astrónomos, sino por ahorrarse unos dinerillos, lo que también es encomiable. Así que no nos veremos en el catálogo de especies amenazadas, pero sí al menos podemos esperanzarnos con tímidos avances y alguna Ley de protección del Cielo Nocturno que esperemos que se aplique y no quede en papel mojado.

Espero que los artículos y secciones de este blog sean de interés y que podamos por mucho tiempo seguir compartiendo esta maravillosa afición.
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