Google+ Los Colores de la Noche: Sin Ciencia no hay futuro

domingo, 29 de abril de 2012

Sin Ciencia no hay futuro

Hace unas semanas tuvo bastante repercusión en los medios la carta de la astrofísica Amaya Moro-Martín en la revista Nature en la que denunciaba el suicidio científico que supone la política de recortes en Investigación y Desarrollo. Precisamente España no es un país que pueda presumir de apostar decididamente por la investigación como una inversión a largo plazo que permite el desarrollo de sectores estratégicos y generadores de empleo. La preocupación por estas cuestiones ya era tímida cuando a nuestros políticos se les llenaba la boca con eso de ser la octava economía mundial, cuando se presumía de "crecer" más que los EEUU y cuando parecía que -por fin- estaríamos a la vanguardia de Europa. Pero el estallido de la burbuja inmobiliaria ha demostrado que no se puede confiar la economía de una nación a un sector sin cimientos, ficticio, zombi, cuyo desmoronamiento ha dejado una tasa de paro espeluznante. Precisamente en este punto es cuando los políticos deberían haberse dado cuenta de la importancia de la Educación Pública y la Investigación Científica para fortalecer el tejido social y darle la plasticidad necesaria para sobrevivir ante los golpes de este peculiar sistema financiero que se ha convertido en el peor cáncer que ha sufrido la Humanidad. Ahora más que nunca nuestra nación necesita establecer las prioridades que garanticen nuestro futuro y el mantenimiento del bienestar social. Sin embargo a nuestra clase política no le tembló la mano para tocar lo intocable y modificar la Constitución introduciendo el sagrado mandamiento neoliberal de "cumplirás el objetivo del déficit sobre todas las cosas". Sobre todas, incluso a costa de aquellas cuya garantía sí debería estar recogida en la Carta Magna, como son una Educación Pública laica de calidad y la inversión en Ciencia. Y en los últimos días estamos confirmando lo que ya sabíamos: que estamos gobernados por una clase política mediocre que o bien son incapaces de comprender lo que verdaderamente hace libre y próspera a una nación, o bien lo saben pero nuestra prosperidad y libertad les importa poco mientras nos contentemos con la ración de pan y circo (entiéndase consumo y telebasura). 


El derroche económico más grande que estamos sufriendo no es el asociado a las prestaciones por desempleo, ni a la sanidad gratuita, ni a la educación pública, ni siquiera a que haya más o menos trabajadores públicos. La verdadera hemorragia que sufre España (que la dejará débil y enferma durante generaciones) es la que se está produciendo cuando miles de jóvenes preparados, investigadores, ingenieros, etc, se van a otros países en busca de la oportunidad que no se les da en su Patria; con ellos se va el esfuerzo, el tiempo y los recursos invertidos en su preparación; y lo más importante: su talento y creatividad. Y encima algunos impresentables situados en cómodos sillones de mando se atreven a aplaudir este fenómeno, demostrando un cinismo sin escrúpulos que -aunque al final quede en una broma de mal gusto- deja patente la baja catadura de estos "representantes" que pretenden erigirse como autoridad moral. No sé en qué situación estaremos dentro de 20 años, pero es posible que si queda aún algún historiador se pregunte cómo es posible que estuviéramos gobernados por semejantes insensatos, aunque una posible respuesta sea que la mediocridad política ha llegado a ser algo tan hispánico como la tortilla de patatas. 

Un ejemplo de lo que puede suponer para un país invertir en Ciencia nos lo cuenta Ángel R. López-Sánchez en su blog El Lobo Rayado. Se trata del sistema WLAN que hoy es tan cotidiano en las redes inalámbricas utilizadas en casi todos los hogares y oficinas, y que fue consecuencia directa de la investigación en radioastronomía. Pues mira por donde que el sistema WLAN se desarrolló por los astrofísicos y técnicos de CSIRO (el equivalente australiano al CSIC español) hace menos de dos décadas para entender cómo se podían conectar dos radiotelescopios. Y por tanto Australia posee parte de la patente de tal invento: cualquier aparato del mundo con WiFi tiene que pagar al Gobierno Australiano por el uso de ese sistema. Ejemplos como este se podrían citar por centenas, tantos como objetos, bienes y servicios nos rodean y que nos hacen la vida más fácil. Incluso la superficie anti-adherente de las sartenes tiene su origen en la investigación aeroespacial. 

Será por eso que Argentina ha aumentado su presupuesto en Ciencia un 600% desde 2004 (a pesar de haber sufrido antes que nosotros una terrible crisis económica de la que no empezó a levantar cabeza hasta que echó a patadas a los vampiros del FMI) y se está convirtiendo en un destino preferente de nuestros jóvenes investigadores. Mientras tanto la mitad de los españoles se rasga las vestiduras porque Repsol perderá un 51% de acciones de YPF arengados por tertulianos de tres al cuarto que no se indignan porque sean ya más de 300.000 los jóvenes que se han ido a buscar una oportunidad a cualquier otro país desde 2008. Esta es la consecuencia de no fortalecer la educación y la investigación en época de "vacas gordas" y de seguir con el ciego dogma de la austeridad a pesar de que está más que comprobado que no funciona. Sucede algo parecido al efecto de las sangrías de los galenos medievales, que aplicaban para "purificar humores" sin importar que el enfermo ciertamente si sobrevivía a semejantes tratamientos no era por su efectividad sino por poseer una fortaleza fuera de lo común. Por suerte la Ciencia se encargó de demostrar que si desangras a un enfermo pocas oportunidades le dejas para vencer a la enfermedad, y hoy si vamos al médico lo último que nos hará será hacernos cortes o llenarnos de sanguijuelas.

Son muchas las voces -y algunas de galardonados con el premio Nobel de Economía- que claman contra la sangría de la austeridad como solución a nuestros problemas. Y de todos los cortes el que han dado en la vena de la Educación, Investigación y Ciencia es el más peligroso y el que más tiempo tardará en cicatrizar. Por eso son necesarias iniciativas como las de Antonio Martínez Ron, que bajo el título Sin Ciencia no hay Futuro está destinada a alertar sobre las nefastas consecuencias de estas acciones. Como es natural me adhiero a través de este blog a esta iniciativa y os pido la máxima difusión posible.

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2 comentarios:

  1. y así seguimos con la eliminación de todos los proyectos de investigación en las universidades de Castilla La Mancha (ojo eso es como decirle a la Guardia Civil que persiga a los delincuentes a pie)y con recortes anunciados "todos los viernes"

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  2. El salvaje sureste ibérico30 de abril de 2012, 13:23

    España tiene un problema de siglos: hace estructuras y después se olvida de ellas. Nunca remata lo que hace bien. Ahora, con miles y miles de universitarios, con la generación mejor preparada de nuestros 5000 años de iberismo, con chavales listos para arrasar se sigue primando primero el dinero fácil (burbuja de la construcción) y el dinero más sencillo todavía (divisas para los que se larguen fuera). Y salvo pequeñas islas de investigación que hacían a España puntera en el mundo, como el campus de la Salud de Granada, todo se está desmantelando con la asombrosa frase de Wert: que se vayan fuera a trabajar.

    Desde luego tras años estudiando, dejándose las pestañas para hacer un futuro mejor en mi país, para cooperar a ser los primeros te dan ganas de irte y mandar a los ineptos de los gobernantes bien lejos. Y mientras tanto los alemanes pidiendo ingenieros españoles, y los ingleses enfermeros españoles.

    Qué vergüenza. Qué vergüenza de políticos. Qué pena de España.

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