Google+ Los Colores de la Noche
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domingo, 8 de julio de 2012

¿Se producirá una gran tormenta solar?

Aurora boreal vista en Figueres en el año 2001 (Pere Horts)
Últimamente están algunos foros pseudocientíficos como avispero al que han metido un palo. El cacao mental que han liado algunos a partir de un calendario antiguo y una más que dudosa interpretación de un texto deteriorado es de tales proporciones que se pueden contar por miles las publicaciones en cuyo título figure el año en curso. Ahora cuando alguien abre la boca para hablar de los mayas da igual que el "experto" no haya pisado en su vida Yucatán o no tenga la más remota idea de qué es un glifo; lo importante es que una profecía tiene mucho más lustre si se supone hecha por una civilización antigua que por Nostradamus, cuyos intérpretes -dicho sea de paso- fallan más que una escopeta de feria. Y una vez creada la maraña profético-teórica (y mitificados sus supuestos autores hasta el absurdo) toca encajar todo lo que ocurra en el presente en su marco como argumento indiscutible de su certeza. Así que ahora resulta que todo (crisis económica, guerras, problemas políticos, el reggaeton...), absolutamente todo fue predicho por los mayas. También la intensa actividad solar que tenemos por estas fechas.

Para saber que el Sol andará revuelto este año y sobre todo en 2013 (que es cuando se estima que alcanzará el máximo de actividad) no hace falta ser profeta. Aunque el conocimiento sobre la dinámica interna de nuestra estrella aún es escaso, se ha realizado un seguimiento suficiente que permite conocer algo sobre sus ciclos. Éstos no afectan a la cantidad de energía que produce la estrella (que ha sido más o menos constante en los últimos mil millones de años) sino a su complejo magnetismo, que está detrás de las manchas solares, las eyecciones de masa coronal y las protuberancias. Este conjunto de signos se muestran con un ciclo de unos once años en el que la actividad magnética solar (y el número de manchas) va aumentando hasta alcanzar un máximo para luego decrecer nuevamente. No todos los ciclos son exactamente iguales, sino que hay registros de mínimos más prolongados y máximos más destacados que otros. Incluso parece que hay un ciclo mayor de algo más de un siglo en el que los máximos solares van aumentando hasta uno especialmente intenso. En los años de gran actividad son más probables las tormentas solares, eventos resultado de la expulsión puntual de enormes cantidades de partículas y radiación por el Sol que si alcanzan la Tierra perturban la magnetosfera terrestre y acaban afectando a la ionosfera. El efecto más evidente de estas alteraciones es que se pueden contemplar auroras en latitudes más bajas de lo usual. 
  

domingo, 1 de julio de 2012

Encuentros al amanecer

Venus abandonó las tardes para transmutarse en Lucero del Alba después de su tránsito delante de Helios. En la constelación de Tauro se ha vuelto a reunir con Júpiter y las Híadas y bajo la mirada de Aldebarán protagonizarán un encuentro con la Luna menguante del mes de julio. El 1 de julio Venus estará a 5º de Júpiter y en línea con las Pléyades, que a 11º en el cielo contemplarán celosas cómo Afrodita pasea junto a sus hermanastras, las Híadas; esta vez se alejará de las siete hermanas y el 10 de julio pasará a tan sólo 1º de la anaranjada Aldebarán al tiempo que brillará con su máximo esplendor (magnitud -4,5). El libidinoso Rey de los dioses parecerá perseguir a Venus pero antes de que se dé cuenta será alcanzado por Selene, que lo engullirá en la noche del 14 al 15 de julio. Conforme avance el mes la despechada Afrodita se alejará de Júpiter y el Toro hacia el poderoso brazo de Orión. 

Cielo hacia el Este el 1 de julio de 2012 a las 6 de la mañana. Venus (abajo, con las Híadas) se sitúa a unos 5º de  Júpiter. 
Cielo hacia el Este el 10 de julio de 2012 sobre las 6 de la mañana. Venus alcanzará su máximo brillo y pasará a un grado de Aldebarán, la estrella principal de Tauro.
Cielo hacia el Este el 15 de julio de 2012 a las 5:30 de la mañana. Júpiter ha reaparecido hace hora y media detrás de la Luna después de una ocultación. Este fenómeno se verá finalizar en la Península Ibérica muy bajo en el horizonte.
Sobre las 4 de la mañana (hora peninsular) del 15 de julio Júpiter reaparecerá por el lado en sombra de la Luna, que se encontrará muy baja en el horizonte oriental.

domingo, 24 de junio de 2012

Antares

Recreación artística del sistema de Antares (Don Dixon)
Escorpio es la constelación antagónica de Orión tanto por su posición en el cielo -se encuentran opuestas en la esfera celeste- como por su belleza. Es una de las constelaciones más fáciles de identificar, con el mejor momento para ser observada en nuestras latitudes en las noches de verano a poca altura sobre el horizonte sur. Por su forma ha sido asociada a un escorpión en la mayoría de las culturas antiguas aunque el mito más conocido entre nosotros es el griego, donde se cuenta que Orión y Escorpio fueron dispuestos en estas posiciones para que jamás volvieran a encontrarse después de la cruenta batalla que entablaron. Además de tener en común el hecho de abarcar zonas del cielo de una gran riqueza, también comparten el tener como estrella principal una supergigante roja que está en la fase final de su vida. 

Antares es una estrella que rivaliza en color rojo y brillo con Marte, lo que le valió el nombre de "anti-Ares" (antimarte). Otros nombres aluden a su posición en el lugar que correspondería al corazón del imaginario escorpión, como el de origen árabe Kalb al Akrab o el copto Kharthian. Para los persas era una de las cuatro Estrellas Reales junto a Fomalhaut (en el Pez Austral), Regulus (en Leo) y Aldebarán (en Tauro). 

Su color se debe a que se trata de una estrella supergigante roja con una luminosidad aparente que varía entre 0,9 y 1,8 magnitudes de un modo irregular en periodos de casi 5 años. Se encuentra a 550 años luz de nosotros y su diámetro es 700 veces mayor que el del Sol aunque su masa es sólo unas 16 veces mayor, lo que significa que sus capas más externas presentan una densidad muy baja. Si la situáramos en el centro de nuestro Sistema Solar llegaría más allá de la órbita de Marte y del Cinturón de Asteroides, aunque en estas zonas sería tan poco densa que no se podría establecer un límite claro con el medio interestelar. Está acompañada por una estrella blanco azulada con un periodo orbital estimado en unos 2.500 años.
  

domingo, 3 de junio de 2012

Mirando hacia el corazón de la Vía Láctea

La Vía Láctea en la región de Sagitario y el Escudo. Fotografía realizada en paralelo al telescopio con seguimiento y un tiempo total de 20 minutos de exposición a 800 ISO
La Vía Láctea, nuestro hogar galáctico, se nos muestra como una alfombra lechosa y luminiscente que a los vikingos indicaba el camino al Valhalla y guiaba a los peregrinos al más terrenal Santiago de Compostela. Realmente todo lo que vemos a simple vista en el cielo (salvo la galaxia de Andrómeda) pertenece a la Vía Láctea, pero cuando nuestros ojos miran en dirección a su disco la cantidad de estrellas, gases y polvo es tal que se aprecia como una macha blanca difusa con una luminosidad y tamaño variable. Discurre por las constelaciones del Can Mayor, Unicornio, Orión, el Cochero, Perseo, Casiopea, el Cisne, el Águila, el Escudo, la Serpiente, Sagitario, Escorpio, el Altar, Triángulo Austral, Centauro, la Cruz del Sur y el Navío de Argos (las últimas cinco visibles en el Hemisferio Sur). De todas las observables desde nuestras latitudes son Sagitario y Escorpio las zonas donde la Vía Láctea presenta mayor brillo y tamaño, algo que obedece al hecho de que en esa dirección se encuentre el centro de nuestra galaxia.
        

domingo, 20 de mayo de 2012

Cómo observar y fotografiar el Sol

Hay meses en los que es complicado que coincida una noche despejada con Luna nueva o en cuarto y además en víspera de festivo. Lo podemos achacar a las "leyes de Murphy" o al encantador de nubes que todo astrónomo andante tiene como enemigo; pero siendo racionales tendremos que admitir que somos demasiado puntillosos y es ya una cuestión de probabilidades que la atmósfera no esté por la labor de satisfacer nuestra ansia de cielos transparentes y oscuros en fin de semana. Lo malo es que tras sesenta días sin salidas nocturnas comienza el síndrome de astroabstinencia, cuyos síntomas principales son: consulta compulsiva a webs de información meteorológica, espasmos al ver las estelas de los aviones, aversión a las nubes altas, necesidad imperiosa de ver fotografías astronómicas y -en los casos más graves- compartir lecho con el tubo óptico e insultar a las farolas. Llegados a esta situación es cuando recordamos que tenemos una estrella aquí mismo que no necesita grandes despliegues -salvo una adecuada protección de su luz cegadora- para su observación y estudio: el Sol

La observación solar tiene unas características que la hacen más sencilla que la del cielo profundo: 
  • Se realiza de día, adaptándose mejor a nuestro ritmo diario.
  • No necesitamos alejarnos de los núcleos de población, pues evidentemente al no hacerse de noche la contaminación lumínica no importa.
  • Para observar o fotografiar el disco solar completo no requerimos un gran telescopio ni una montura motorizada; se puede hacer con un equipo muy sencillo y fácil de manejar. Otra historia es que pretendamos obtener una imagen de las manchas solares con mucho detalle. 
  • En casos en los que no necesitamos seguimiento tampoco nos hace falta un estacionamiento preciso (ni siquiera una montura ecuatorial), de modo que podemos realizar la observación desde la ventana de casa. 
No obstante hay que tener en cuenta que observar el Sol entraña un importante riesgo para la vista, por lo que hay que tomar unas precauciones que jamás se deben pasar por alto:

miércoles, 9 de mayo de 2012

El tránsito de Venus de 2012

Imagen del tránsito de Venus de 2004
Un tránsito de Venus por delante del disco solar es un fenómeno bastante raro que sólo podemos observar 4 veces cada 243 años. El más reciente ocurrió el 8 de junio de 2004 y unos 8 años después -el próximo 6 de junio- tendrá lugar el siguiente y último de este siglo (habrá que esperar hasta el 11 de diciembre de 2117 para observar otro). ¿Por qué es tan poco frecuente y no ocurre en cada conjunción inferior de este planeta? El motivo es análogo al hecho de que no se produzca un eclipse cada vez que hay Luna llena o nueva: las órbitas no están en el mismo plano y presentan cierto ángulo. El plano orbital de Venus tiene una inclinación de 3,39º respecto al de la Tierra, de modo que para acontecer una alineación perfecta Tierra-Venus-Sol tiene que coincidir la conjunción inferior con el paso de Venus por la eclíptica (es decir, que en ese momento coincida con el punto en el que la órbita de Venus intersecta al plano orbital terrestre). Esto se produce en junio o diciembre y en pares separados 8 años, estando cada par de tránsitos distanciados más de un siglo entre sí. 

El primero del que se dejó registro fue observado en el siglo XVII, y desde entonces el estudio de los seis tránsitos ocurridos ha tenido una gran importancia para el cálculo de la distancia entre la Tierra y el Sol mediante la medición del efecto de paralaje. Aún hoy (aunque estas distancias se conozcan de forma precisa) se realiza un gran despliegue para seguir tomando mediciones -en cuantos más lugares mejor- que permitan mejores resultados, labor facilitada en gran medida por la existencia de internet (que permite comunicación en tiempo real entre diversas partes del mundo) y la existencia del GPS para obtener un posicionamiento relativamente exacto. De este modo un astrónomo aficionado no sólo encuentra en este evento una ocasión para observar o fotografiar el disco negro de Venus sobre la hirviente esfera solar, sino que puede participar en la toma de datos desde su lugar de observación. Desgraciadamente la Península Ibérica estará en el límite de la zona de visibilidad del tránsito de Venus del 6 de junio de 2012, y sólo podremos observar los momentos finales al amanecer si estamos en la mitad nororiental. No obstante merece la pena conocer algo más sobre este fenómeno.