Google+ Los Colores de la Noche
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miércoles, 5 de diciembre de 2012

Las Gemínidas

Como Gemínidas se conoce una lluvia de meteoros que tiene lugar en la primera mitad de diciembre, con su máxima actividad entre los días 13 y 15. A pesar de ser una lluvia muy atractiva es poco conocida en el Hemisferio Norte al ocurrir en noches frías que invitan poco a salir al campo. Además las condiciones para este año son inmejorables al coincidir el momento previsto de máxima actividad con Luna Nueva, y con el radiante situado a bastante altura sobre el horizonte. Si se cumplen los pronósticos estamos ante la mejor lluvia de estrellas del año. 

Situación del radiante de las Gemínidas
La corriente meteórica de las Gemínidas tiene su origen en un objeto peculiar llamado 3200 Faetón. No es un cometa, sino un misterioso cuerpo perteneciente a los asteroides tipo Apolo, cuya órbita puede cruzar la de la Tierra y pasar a poca distancia. Fue descubierto en 1989 por el satélite IRAS mientras estaba haciendo otras investigaciones en infrarrojo, y el estudio de su órbita llevó a relacionarlo con la corriente de partículas que originan las Gemínidas. En los cometas la cercanía al Sol hace que se sublime el hielo de su núcleo y que los gases arrastren al ser expulsados materiales sólidos -que son los responsables de lo que vemos aquí como "lluvia de estrellas"-, pero en un asteroide es algo extraño. Faetón tiene otra peculiaridad: su recorrido es muy excéntrico y cada 1,4 años puede adentrarse más allá de la órbita de Mercurio, muy cerca del Sol (a lo que debe su nombre). En el año 2009 la nave espacial STEREO-A captó el momento en el cual Faetón se aproximó al Sol y descubrió con sus instrumentos que el asteroide duplicaba su brillo, probablemente porque estaba arrojando chorros de polvo. Así que la explicación más probable es que cuando este cuerpo se aproxima tanto al Sol el calor fractura la superficie y se descomponen minerales hidratados, produciéndose una eyección de gases que arrastran partículas de polvo. Esto ofrece indicios de que Faetón comparte alguna característica con los cometas, e incluso existe la hipótesis de que fue un cometa en el pasado. 

En 2012 el máximo de actividad está previsto para el día 13 de diciembre a las 23:30 T.U. (00:30 hora local del día 14). Una THZ posible de entre 100 y 120 meteoros por hora convierte a esta lluvia en la más interesante del año y merece la pena pasar un poco de frío para contemplarla. El radiante se encuentra en la constelación de Géminis, cerca de la estrella Cástor, y estará alto sobre el horizonte en los momentos de máxima actividad. Para disfrutarla es recomendable alejarse de núcleos de población -para no sufrir contaminación lumínica- y al no tener Luna se podrá contemplar un buen número de meteoros, que suelen ser de velocidad moderada y brillantes, más frecuentes a partir de la medianoche cuando el radiante está en la mejor situación.

sábado, 10 de noviembre de 2012

La medida del tiempo (IV). El calendario maya

Observatorio "El Caracol" de Chichén Itzá (Wikimedia)
Hace dos décadas el calendario maya era un tema que a pocos preocupaba; una curiosidad más de tantas que se podían leer en revistas más o menos especializadas. Por entonces los mistabobos estaban más centrados con nuestro calendario gregoriano y su año 2000, que al final pasó sin pena ni gloria, pues de hecho por no cambiar ni lo hizo el milenio (que realmente comenzó en 2001). Sin embargo hoy lo verdaderamente difícil es encontrar una publicación medianamente rigurosa sobre el tema entre el millón de resultados que arroja un buscador web y los 1800 libros que dicen tratar de los mayas y sus profecías -con los que Dante hubiera podido imaginar empedradas las escaleras del infierno- a los que hay que sumar un número ingente de documentales y alguna que otra superproducción de cine. Y a pesar de ser un tema muy trillado es mi deber continuar con la serie de artículos sobre los calendarios, aprovechando de paso que ahora el asunto está calentito.

El calendario maya es un sistema de cómputo peculiar y complejo, resultado de la obsesión por el tiempo de estos pueblos y de su meticulosa observación del cielo y sus ciclos. Al igual que en otras civilizaciones, la astronomía maya estaba ligada a la agricultura y a los ciclos climáticos, y la observación de los cambios cíclicos en el cielo era una forma de intentar anticiparse a los cambios terrenales. Como en el caso egipcio y sumerio, tenía una función ritual y adivinatoria dotando de un gran poder a sacerdotes y gobernantes, que aparentaban controlar -o provocar- los fenómenos de los que dependía la vida del pueblo, siempre y cuando se realizaran correctamente determinados rituales.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Las nubes noctilucentes


Las nubes noctilucentes, también conocidas como nubes mesosféricas polares, son un curioso fenómeno  meteorológico visible después del anochecer en latitudes cercanas a los polos (entre 50 y 70º al norte y sur del Ecuador). Su aspecto filamentoso nos puede recordar a las nubes altas, pero se diferencian en que se forman a una altura de 80 kilómetros y no son visibles a plena luz del día. Sólo se aprecian cuando -una vez ha oscurecido y es prácticamente de noche- permanecen aún iluminadas por el Sol, cuya luz se refleja en los cristales de hielo confiriéndoles un extraño color azul eléctrico sobre la oscuridad del firmamento. 

Este tipo de nubes ha sido descubierto hace relativamente poco tiempo, y hubieran pasado desapercibidas si no fuera porque cada vez son más frecuentes y se observan a menor latitud, sin comprenderse bien los procesos que las originan. La primera vez que fueron observadas ocurrió por casualidad en 1.885, dos años después de la  gran erupción del Krakatoa, cuando la belleza de los ocasos -debida al material expulsado a la atmósfera- animó a muchas personas a contemplar el cielo después de la puesta de Sol. El alguna ocasión los que permanecieron más tiempo pudieron observar estas extrañas nubes, que en principio fueron achacadas al polvo emitido por la erupción, pero que siguieron apareciendo una vez que pasaron sus efectos. 

La explicación a estas nubes a tanta altura pasa por entender cómo se produce el proceso de nucleación que daría lugar a los cristales de hielo, pues hay que tener en cuenta que a 80 kilómetros sobre el nivel del mar reinan unas condiciones muy parecidas al vacío. Gracias a los datos facilitados por la sonda AIM se ha llegado a la conclusión de que los núcleos sobre los que se acumulan las moléculas de agua son partículas procedentes de los meteoros que entran en la atmósfera, y el proceso requiere unas condiciones tan especiales que sólo se produce normalmente sobre las zonas polares. El problema está ahora en encontrar el motivo de que estas nubes sean cada vez más grandes, brillantes y se observen a latitudes más bajas. 

domingo, 30 de septiembre de 2012

La escala del Universo

A veces miramos el cielo nocturno sin ser conscientes de su magnitud. De hecho la idea de la esfera celeste como algo real no hace tanto tiempo que fue desechada, y cuando nos tumbamos bajo el cielo estrellado cuesta mucho librarse de la sensación bidimensional que durante tanto tiempo ha hecho creer a los humanos que existía una esfera de estrellas fijas. En los últimos siglos se han ido rompiendo esferas conforme han sido calculadas las distancias que nos separan de los astros; primero de la Luna, Sol y planetas, luego de las estrellas, después de las nebulosas espirales (que resultaron ser otras galaxias) y recientemente de las galaxias más lejanas. Pero nos hemos habituado a las cifras astronómicas sin pararnos a pensar en las enormes distancias que representan, y de vez en cuando hay que detenerse a reflexionar sobre la escala de lo que estamos observando para ser conscientes de nuestro lugar en el Universo, aunque suponga poner a prueba los límites de nuestra imaginación. 

En 2005 la sonda Voyager I alcanzó los límites de nuestro Sistema Solar, el llamado frente de choque de terminación, la zona donde el Sol pierde su influencia para dar paso al espacio interestelar. Le ha llevado casi 30 años y podríamos decir que aún está en la puerta del jardín. Seguro que tenemos en mente la típica ilustración del Sistema Solar con sus hermosos planetas girando alrededor del Sol, todos aparentemente cerca en relación al tamaño con el que son representados. Pero hacer un dibujo a escala fidedigna del Sistema Solar (en el que se representen también las distancias) sería bastante complicado. Veamos cómo podríamos hacer una maqueta en la que el Sol fuera representado por una esfera de 1 metro de diámetro: 
  • Mercurio podría ser un grano de pimienta a unos 40 metros de la esfera solar.
  • Para Venus una canica podría ir bien, pero situada a 74 metros.
  • La Tierra sería otra canica a algo más de100 metros.
  • Para Marte necesitaríamos una bolita de apenas medio centímetro que tendríamos que colocar a casi 160 metros. 
  • Para Júpiter iría bien un balón de balonmano a 533 metros de nuestro Sol. 
  • Saturno sería un balón un poquito más pequeño situado a 1 kilómetro.
  • Urano, más o menos como una pelota de golf, debería situarse a 2 kilómetros de nuestro punto de partida.
  • Neptuno sería otra pelota de golf a más de 3 kilómetros. 

martes, 18 de septiembre de 2012

El origen de la astrología

Planisferio asirio del siglo VII a.C.
Según el diccionario de la RAE la astrología es el estudio de la posición y del movimiento de los astros, a través de cuya interpretación y observación se pretende conocer y predecir el destino de los hombres y pronosticar los sucesos terrestres. Esta definición ya es suficiente para tener una idea de que se trata de una disciplina muy diferente a la astronomía aunque tengan un origen común. Pero aún así lo que vemos hoy como "astrología" dista bastante de realizar estudio alguno de los astros (ni de su posición ni de su movimiento); de hecho dudo que los autodenominados "astrólogos" sepan reconocer los principales planetas y constelaciones en la noche estrellada. Al fin y al cabo la astrología de capisayo -esa que nos muestra la TDT con profusión- no es más que una pantomima adivinatoria que proporciona al crédulo respuestas vagas y ambiguas con las que fácilmente puede sentirse identificado. Lo mismo podemos decir de la categorización de la humanidad en 12 tipos de personas según el Sol haya estado en tal o cual signo cuando el niño tiene a bien abandonar el confortable útero materno. Si leemos con atención los supuestos rasgos de uno u otro "signo" podemos identificarnos con cualquiera de ellos porque se dan en todos nosotros en mayor o menor medida. Bueno, vale... los "virgo" somos algo raros, lo acepto.

Esta mezcla esotérica tiene sin embargo mucha influencia en la actualidad, muy a pesar de que se supone que todos tenemos un mínimo de formación científica y fácil acceso a ella. Lo que demuestra que una gran cantidad de información en nuestras manos, sin un mínimo de capacidad crítica para seleccionarla, no nos convierte en personas informadas sino infoxicadas, término no recogido en diccionario alguno pero que define muy bien un estado mental generalizado consistente en un gazpacho de ideas resultado de lecturas parciales y de hacer propio todo lo que nos escupen los medios de comunicación. En cualquier caso el  principal fin de estos medios es fomentar el consumo de lo que sea, y para ello da igual si el comediante debe ponerse una túnica satinada o una bata blanca para decirnos que las micro-cagarrutas fotónicas de tal o cual detergente dejan la ropa como si hubiera sido sometida a una dosis mortal de radiación gamma. La astrología actual, como muchas otras falsas ciencias, intenta a veces ponerse la bata blanca encima del capisayo para proporcionar un supuesto fundamento científico, tan débil que podría ser desmontado por un alumno de secundaria con una ecuación (es el caso del manido y absurdo argumento de la influencia gravitatoria de los planetas sobre los humanos). 

Pero aunque hoy sea poco más que un lucrativo negocio para algunos -y una fuente de ilusiones vanas para otros- lo que llamamos astrología no está exento de una interesante historia cuyo origen se pierde en las primeras civilizaciones urbanas de Mesopotamia, y que surgió como un intento de explicar el mundo a través de la observación minuciosa del cielo en su marco mítico y religioso. El astrólogo de esa época era un sabio que observaba meticulosamente y seguía el movimiento de los astros, especialmente del Sol, la Luna y los planetas, para realizar una interpretación de lo que acontecía (o que estaba por acontecer), considerando que lo que ocurría en el cielo eran señales o mensajes de los dioses sobre lo que podía acaecer el la tierra. Su labor tenía un componente observacional y otro mágico-religioso, pero no parece que se preguntara por la naturaleza de los cuerpos celestes ni por el motivo de su movimiento o su distancia, de modo que sería osado hablar de una parte "científica" en la acepción actual de este término.
   

jueves, 6 de septiembre de 2012

Destellos lejanos

A 10 millones de años luz en la galaxia NGC 6946 se han observado 8 supernovas en tan sólo 100 años.
Imagen a partir de 9 tomas de 400 segundos por telescopio 127/952 (M. Bustamante)
Si hay un suceso extremo de proporciones difíciles de imaginar en el Universo es una supernova. Desde la antigüedad se ha constatado la aparición repentina de estrellas "nuevas", astros que mantenían cierto brillo durante un tiempo para ir debilitándose hasta desaparecer. Han ocurrido ocho supernovas en nuestra galaxia de las que se tenga constancia histórica. La más famosa fue observada en el año 1.054 de nuestra era y ocurrió a unos 6.000 años luz, llegando a brillar tanto que resultaba visible a plena luz del día; de ella ha quedado la conocida nebulosa del cangrejo (formada por la materia que fue expulsada violentamente) y en su centro una estrella de neutrones pulsante.  Aún más brillante pudo ser la del año 1.006 en la constelación de Lupus, rivalizando en su brillo aparente con la Luna. Las más recientes ocurrieron en 1.572, en Casiopea -con un brillo similar al de Venus- y unas décadas después, en 1.604, en Ofiuco. Desde entonces no se ha observado otra supernova dentro de nuestra galaxia, pero sí se han detectado en otros sistemas a grandes distancias, lo que implica una emisión de energía descomunal en un periodo muy breve de tiempo. Hoy sabemos que este fenómeno está poco relacionado con el nacimiento de las estrellas (*), sino más bien con su muerte o con procesos que hacen que se produzca una violenta explosión de enorme magnitud. 

Fuera de la Vía Láctea destacan dos galaxias por ostentar el récord de supernovas en un corto espacio de tiempo: M 83 (el Molinillo Austral, en la constelación de Hydra) y NGC 6946 (en Cefeo).