Google+ Los Colores de la Noche
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jueves, 27 de junio de 2013

El cielo en verano (I)

El 21 de junio a las 5:04 TU (7:04 hora de la Península Ibérica) tuvo lugar el solsticio de verano en el Hemisferio Norte (de invierno en el Sur). Fue la noche más corta del año en latitudes boreales; el Sol alcanza su máxima altura sobre el horizonte al mediodía y parece "detenerse" (de ahí el origen etimilógico de la palabra solsticio) para comenzar a perder altura de nuevo, de modo que conforme pasen los días las horas de luz irán disminuyendo hasta igualarse a las nocturnas en el equinoccio de otoño. La benignidad del clima en latitudes medias -sumado a que julio o agosto suelen ser los meses de vacaciones para la mayoría- invita a tener más contacto con el cielo estrellado. Puede que las condiciones atmosféricas no sean las mejores para la observación, pues el cielo suele presentar menos transparencia y la contaminación lumínica afecta por tanto en mayor medida, pero la aparición en nuestras noches de las zonas más brillantes de la Vía Láctea y la presencia de cierta actividad meteórica (debida principalmente a las Perseidas de agosto), son buenos motivos para alejarse de los núcleos urbanos y disfrutar del espectáculo de un cielo cuajado de estrellas. Si además tenemos unos prismáticos o un pequeño telescopio tenemos ocasión de observar una gran cantidad de objetos del catálogo Messier que están al alcance de pequeños instrumentos. 

Nuestra observación debería comenzar orientándonos correctamente, para lo que deberemos localizar el Gran Carro de la Osa Mayor, que estará sobre el horizonte noroeste bajando paulatinamente conforme pasen las horas y los días. Ayudándonos de este asterismo localizamos la estrella Polar y por tanto identificamos la dirección Norte tal y como se explica en este artículo. Si miramos al oeste tras ponerse el Sol podemos contemplar cómo Virgo (y su estrella Spica), la Cabellera de Berenice y el Boyero (con la anaranjada Arturo) presentan una posición cada vez más baja.

Primero identificamos el Gran Carro que nos lleva a la estrella Polar que nos indica la dirección Norte.
Conforme avance el verano se irán perdiendo hacia el Oeste las constelaciones de Virgo, la Cabellera de Berenice y el Boyero. Ofiuco, la Serpiente, Libra, Escorpio y Sagitario ocuparán el cielo de Sur a Suroeste.
Mientras tanto de Este a Sur comienza a salir paralela al horizonte la franja lechosa de la Vía Láctea. Nos llamará especialmente la atención una estrella roja y brillante: se trata de Antares, la principal del Escorpión, cuya característica forma se va incorporando en el cielo. La Vía Láctea se irá viendo antes conforme pasen los días (en Junio tendremos que esperar a la media noche, algo menos en Julio, y poco después de atardecer en agosto), y desde su región más brillante (donde se encuentra la mayor concentración de estrellas hacia el núcleo de nuestra galaxia) podemos comenzar nuestro recorrido por las principales constelaciones de estos meses. 

Fotografía de la región central de la Vía Láctea con las principales constelaciones y estrellas 

viernes, 31 de mayo de 2013

Tres planetas al atardecer

Durante los atardeceres de la última semana de mayo y comienzos de junio estamos disfrutando de una agrupación de planetas bastante llamativa. Mirando al oeste-noroeste, y justo después de ponerse el Sol (cuando empieza a oscurecer) se ve nuevamente a Venus como lucero vespertino, y a unos grados el majestuoso Júpiter, que tras reinar en los cielos invernales se aproxima a su conjunción con el Sol. El tercero en el grupo es el escurridizo Mercurio -que alcanzará su máxima elongación el 12 de junio- y que por su proximidad a los otros planetas será fácil de identificar entre las luces del ocaso. 

Cielo del atardecer el viernes 24 de mayo. A la derecha se puede apreciar Venus, Mercurio y Júpiter
Las posiciones relativas de los tres planetas variarán rápidamente. Por un lado Mercurio va ganando altura  sobre el horizonte bajando de brillo hasta situarse cerca de la magnitud -0,1 y pasando de la constelación de Tauro a Géminis. Igualmente Venus se verá a mayor altura conforme pasen los días manteniendo un brillo de magnitud -3,9. Por otro lado Júpiter permanecerá en su posición en Tauro, pero será cada vez más difícil de observar por estar el Sol más cerca de esta zona del cielo al avanzar el mes. 

A comienzos del mes de junio aún se podrán observar los tres planetas más o menos alineados sobre el horizonte occidental, con Júpiter muy bajo, seguido del brillante Venus y Mercurio.

Vista del cielo occidental el 1 de junio a las 21:45 hora peninsular (19:45 TU)
Júpiter se perderá por el horizonte en cuestión de dos días, pero aún podremos observar a los dos planetas interiores con la Luna renacida el 10 de junio.

Vista del cielo occidental el 10 de junio a las 22:00 horas (20:00 TU). Venus es el astro más brillante a la derecha de la Luna y Mercurio el situado un poco más alto. 
Por último Mercurio y Venus se aproximarán a unos 2º el 18 de junio, y a partir de aquí el primero se verá más bajo hasta que al final del mes desaparezca bajo el horizonte.

Vista del cielo occidental el 18 de junio a las 22:00 horas (20:00 TU). Venus es el astro más brillante, y a dos grados a la izquierda está Mercurio. Las dos estrellas situadas más arriba son Pollux y Castor, de la constelación de Géminis. 

miércoles, 6 de marzo de 2013

El cometa C/2011 L4 (PANSTARRS)

Este año puede que tengamos alguna que otra sorpresa con cometas, y mientras aún existe bastante incertidumbre con el cometa ISON (cuyo mejor momento se espera en noviembre con un brillo de magnitud -13'5, algo mayor que la Luna llena), en marzo podremos observar a simple vista el C/2011 L4 (PANSTARRS), aunque bastante bajo en el horizonte occidental tras la puesta de Sol. Este cometa ha aumentado rápidamente de brillo (de magnitud 6,5 a 4 en apenas tres semanas) convirtiéndose en un objeto observable a simple vista en los cielos del Hemisferio Sur. A comienzos de marzo se aproximará más al Sol y seguirá aumentando de brillo posiblemente por debajo de magnitud 2 (previsto para el día 9) y tras el perihelio irá apareciendo en los cielos del Hemisferio Norte mientras baja de brillo progresivamente en la segunda quincena del mes. 

Carta de localización del cometa PANSTARRS durante la segunda quincena de marzo (fuente: cometografía.es
En las latitudes medias de nuestro Hemisferio será visible justo después de la puesta de Sol sobre el horizonte oeste. El día 13 se presentará junto a la Luna recién salida de Nueva en la constelación de Piscis, y será fácil de localizar entre las 19:00 y las 20:00 hora peninsular, aunque al estar inmerso en la luz del crepúsculo puede que necesitemos ayudarnos con unos prismáticos. Poco a poco irá aumentando su altura sobre el horizonte pasando a la constelación de Pegaso y Andrómeda al final de mes, al tiempo que está previsto que disminuya su brillo a magnitud 4. Para observarlo hará falta un horizonte oeste muy despejado y transparente, especialmente en la primera quincena de marzo. Será también un bonito objeto para fotografiar con las últimas luces del día. 

Carta detallada de localización del cometa PANSTARRS durante la primera quincena de marzo
Carta detallada de localización del cometa PANSTARRS durante la segunda quincena de marzo

miércoles, 19 de diciembre de 2012

La astrofotografía (I). Fotografía sin telescopio ni seguimiento

Constelación de Escorpio (objetivo de 35 mm, 13 segundos a 1250 ISO y f/1.8)
Con este artículo doy comienzo a una serie dedicada a la astrofotografía, una modalidad en la que cada vez más astrónomos amateur nos iniciamos y que con mucha paciencia puede ofrecer magníficos resultados. El avance de los sensores ha permitido que hoy en día las cámaras DSLR (las "réflex" digitales) estén al alcance de nuestro bolsillo, y además las posibilidades que ofrece el procesado hacen factible que se puedan obtener muy buenas imágenes sin necesidad de adquirir una cámara con sensor CCD refrigerado (aunque estas también han bajado considerablemente de precio en los últimos años). Pero como en toda dedicación, hay que seguir un proceso de aprendizaje de menor a mayor dificultad, comenzando por la modalidad que tiene menos complicación técnica y requiere menos inversión. 

Al fotografiar el cielo nocturno nos encontramos una primera dificultad: trabajamos en condiciones de muy poca luz, lo que implica que tendremos que utilizar tiempos de exposición elevados. Y aquí tropezaremos con la siguiente piedra: las estrellas no están quietas respecto al horizonte, sino que se mueven debido a la rotación de la Tierra. La necesidad de seguimiento se hace más evidente cuanto menos campo de cielo abarquemos y más tiempos de exposición necesitemos, y esto es lo que complica principalmente la fotografía de nebulosas y galaxias. Cuando hacemos una exposición de 10 minutos con telescopio y de un campo muy pequeño cualquier mínimo error hace que las estrellas no salgan puntuales, lo que arruina la toma. Además del tiempo de exposición podemos jugar con la sensibilidad, pero teniendo en cuenta que conforme mayor sea más ruidosa resultará la imagen. Si para comenzar con la astrofotografía no queremos complicarnos con el seguimiento, deberemos optar por cuerpos suficientemente brillantes (la Luna o los planetas) o por un campo lo bastante amplio que nos permita un tiempo de exposición suficiente, pero sin que se llegue a notar el movimiento aparente de las estrellas (siempre que no busquemos expresamente obtener los trazos estelares, claro). Teniendo en cuenta esto, podemos distinguir los siguientes tipos de fotografía astronómica según su grado de dificultad:
  1. Fotografía sin telescopio ni seguimiento. Con una cámara réflex, un objetivo medianamente luminoso y un trípode fotográfico podemos obtener imágenes de gran campo del cielo nocturno, abarcando constelaciones o incorporando elementos (horizonte, árboles o edificios) para darle un toque artístico (ejemplo). 
  2. Fotografía a foco primario sin seguimiento. Acoplando el cuerpo de la cámara al telescopio (utilizando el tubo óptico como objetivo) podemos fotografiar objetos como la Luna, el Sol (con filtros adecuados) o los planetas si necesidad de realizar seguimiento, pues son lo suficientemente brillantes como para permitir exposiciones de menos de un segundo (ejemplo). 
  3. Fotografía en paralelo con seguimiento. El siguiente paso sería intentar obtener imágenes de cielo profundo de gran campo, en las que es imprescindible el seguimiento pero sin que los pequeños errores sean apreciables. Se coloca la cámara con su objetivo en paralelo al telescopio, y todo debe ir sobre una montura ecuatorial motorizada que -previamente estacionada y alineada- sea capaz de compensar el movimiento de rotación de la Tierra (ejemplo).
  4. Fotografía planetaria de campo estrecho. Para fotografiar detalles de la Luna o de los planetas necesitaremos un telescopio con ocular o alguna lente barlow. Aunque no requieran exposiciones largas es imprescindible una montura motorizada para que el objeto no se salga rápidamente del campo (ejemplo). 
  5. Fotografía de cielo profundo a foco primario. Para objetos débiles y a través del telescopio será necesario hacer tomas de larga exposición, de modo que el seguimiento no sólo es imprescindible sino  que debe ser preciso. Normalmente se utilizan sistemas de autoguiado para corregir los posibles errores de la montura (ejemplo). 
  6. Fotografía de cielo profundo y de campo estrecho. Cuando proyectemos fotografiar galaxias muy distantes y nebulosas planetarias hemos de tener en cuenta que además de ser muy débiles tienen un tamaño aparente pequeño, por lo que necesitaremos focales muy largas que dan como resultado campos muy reducidos. Requieren por tanto de exposiciones largas, seguimiento y un sistema de autoguiado perfecto, porque cualquier mínimo error será apreciable en la toma (ejemplo). 
Fotografía sin telescopio ni seguimiento

Para dar el primer paso en la fotografía del cielo nocturno será suficiente con el siguiente equipo:

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Las Gemínidas

Como Gemínidas se conoce una lluvia de meteoros que tiene lugar en la primera mitad de diciembre, con su máxima actividad entre los días 13 y 15. A pesar de ser una lluvia muy atractiva es poco conocida en el Hemisferio Norte al ocurrir en noches frías que invitan poco a salir al campo. Además las condiciones para este año son inmejorables al coincidir el momento previsto de máxima actividad con Luna Nueva, y con el radiante situado a bastante altura sobre el horizonte. Si se cumplen los pronósticos estamos ante la mejor lluvia de estrellas del año. 

Situación del radiante de las Gemínidas
La corriente meteórica de las Gemínidas tiene su origen en un objeto peculiar llamado 3200 Faetón. No es un cometa, sino un misterioso cuerpo perteneciente a los asteroides tipo Apolo, cuya órbita puede cruzar la de la Tierra y pasar a poca distancia. Fue descubierto en 1989 por el satélite IRAS mientras estaba haciendo otras investigaciones en infrarrojo, y el estudio de su órbita llevó a relacionarlo con la corriente de partículas que originan las Gemínidas. En los cometas la cercanía al Sol hace que se sublime el hielo de su núcleo y que los gases arrastren al ser expulsados materiales sólidos -que son los responsables de lo que vemos aquí como "lluvia de estrellas"-, pero en un asteroide es algo extraño. Faetón tiene otra peculiaridad: su recorrido es muy excéntrico y cada 1,4 años puede adentrarse más allá de la órbita de Mercurio, muy cerca del Sol (a lo que debe su nombre). En el año 2009 la nave espacial STEREO-A captó el momento en el cual Faetón se aproximó al Sol y descubrió con sus instrumentos que el asteroide duplicaba su brillo, probablemente porque estaba arrojando chorros de polvo. Así que la explicación más probable es que cuando este cuerpo se aproxima tanto al Sol el calor fractura la superficie y se descomponen minerales hidratados, produciéndose una eyección de gases que arrastran partículas de polvo. Esto ofrece indicios de que Faetón comparte alguna característica con los cometas, e incluso existe la hipótesis de que fue un cometa en el pasado. 

En 2012 el máximo de actividad está previsto para el día 13 de diciembre a las 23:30 T.U. (00:30 hora local del día 14). Una THZ posible de entre 100 y 120 meteoros por hora convierte a esta lluvia en la más interesante del año y merece la pena pasar un poco de frío para contemplarla. El radiante se encuentra en la constelación de Géminis, cerca de la estrella Cástor, y estará alto sobre el horizonte en los momentos de máxima actividad. Para disfrutarla es recomendable alejarse de núcleos de población -para no sufrir contaminación lumínica- y al no tener Luna se podrá contemplar un buen número de meteoros, que suelen ser de velocidad moderada y brillantes, más frecuentes a partir de la medianoche cuando el radiante está en la mejor situación.

sábado, 10 de noviembre de 2012

La medida del tiempo (IV). El calendario maya

Observatorio "El Caracol" de Chichén Itzá (Wikimedia)
Hace dos décadas el calendario maya era un tema que a pocos preocupaba; una curiosidad más de tantas que se podían leer en revistas más o menos especializadas. Por entonces los mistabobos estaban más centrados con nuestro calendario gregoriano y su año 2000, que al final pasó sin pena ni gloria, pues de hecho por no cambiar ni lo hizo el milenio (que realmente comenzó en 2001). Sin embargo hoy lo verdaderamente difícil es encontrar una publicación medianamente rigurosa sobre el tema entre el millón de resultados que arroja un buscador web y los 1800 libros que dicen tratar de los mayas y sus profecías -con los que Dante hubiera podido imaginar empedradas las escaleras del infierno- a los que hay que sumar un número ingente de documentales y alguna que otra superproducción de cine. Y a pesar de ser un tema muy trillado es mi deber continuar con la serie de artículos sobre los calendarios, aprovechando de paso que ahora el asunto está calentito.

El calendario maya es un sistema de cómputo peculiar y complejo, resultado de la obsesión por el tiempo de estos pueblos y de su meticulosa observación del cielo y sus ciclos. Al igual que en otras civilizaciones, la astronomía maya estaba ligada a la agricultura y a los ciclos climáticos, y la observación de los cambios cíclicos en el cielo era una forma de intentar anticiparse a los cambios terrenales. Como en el caso egipcio y sumerio, tenía una función ritual y adivinatoria dotando de un gran poder a sacerdotes y gobernantes, que aparentaban controlar -o provocar- los fenómenos de los que dependía la vida del pueblo, siempre y cuando se realizaran correctamente determinados rituales.