Google+ Los Colores de la Noche
Share

miércoles, 27 de abril de 2016

Tránsito de Mercurio de 2016

Simulación de un tránsito de Mercurio (osae.info)
El próximo 9 de mayo podremos disfrutar de unos de esos fenómenos no muy frecuentes que ocurren cuando uno de los planetas de órbita interior (en este caso Mercurio) se sitúa entre la Tierra y el Sol. Para que tenga lugar un tránsito se han de dar dos circunstancias: que el planeta esté en su conjunción inferior y que al mismo tiempo pase por la eclíptica (que atraviese el plano orbital terrestre). Cada vez que Venus o Mercurio pasa por su conjunción inferior no ocurre un tránsito por el mismo motivo que no hay un eclipse cada vez que la Luna está en fase nueva, pues sus órbitas no se encuentran en el mismo plano que la terrestre. Los tránsitos menos frecuentes son los de Venus, sólo cuatro veces cada 243 años se produce su alineación perfecta con la Tierra y el Sol (el último tránsito de Venus ocurrió en 2012 y no se repetirá hasta el año 2117); sin embargo en el caso de Mercurio se producen con más frecuencia, unas 13 veces cada siglo separados por intervalos de 3, 7, 10 o 13 años. El último tránsito de Mercurio ocurrió el 8 de noviembre de 2006 y -pasado el de este año- no volverá a repetirse hasta el 11 de noviembre de 2019. 

Para observar un tránsito hay que tener en cuenta que tiene lugar delante del disco solar, de modo que no hay que olvidar las precauciones imprescindibles para preservar nuestra vista. Mirar al Sol es algo que jamás se debe hacer a ojo desnudo sin la adecuada protección, y menos a través de un instrumento óptico (necesario en este caso para distinguir el minúsculo disco de Mercurio, de tan sólo 12 segundos de arco). El Sol se puede observar de tres modos seguros: bien a través de un telescopio solar diseñado expresamente para este fin, que además nos permite ver detalles de la cromosfera gracias a que disponen de un filtro especial H-alfa; o dotando a nuestro telescopio de un filtro solar (a partir de una lámina Baader o Mylar) que esté muy bien sujeto a la parte superior del tubo óptico y asegurándonos de su perfecto estado (sin rajas ni defectos por donde pueda pasar directamente la luz); o bien de modo indirecto proyectando su imagen en una pantalla. Y aún con todas las protecciones posibles no conviene estar mucho tiempo seguido mirando al Sol, siendo aconsejable apartar el ojo del ocular con frecuencia y sobre todo ante la más mínima molestia. Lo que en ningún caso se debe hacer es utilizar métodos caseros ni de dudosa calidad, como los filtros para oculares (cuya rotura por sobrecalentamiento es más que probable).

Esquema del tránsito de Mercurio del 9 de mayo de 2016 (fuente: surastronomico.com)
Mercurio tocará el disco solar a las 11:12 T.U. (13:12 hora oficial peninsular), el instante central del tránsito será a las 14:57 T.U. y emergerá con el Sol muy próximo al horizonte a las 18:42 T.U. Desde Europa occidental, la mayor parte de Sudamérica y la costa este de Norteamérica será visible en su totalidad. Únicamente los habitantes de Oceanía no podrán contemplar el tránsito ni siquiera parcialmente. 

El modo más económico de observar el Sol es disponer un filtro tipo Baader en el telescopio (en el objetivo, nunca en el ocular). Estos filtros sólo permiten el paso de un 0.001% de la luz solar y bloquean los rayos ultravioleta. De este modo se pueden ver detalles de la fotosfera como las manchas solares así como el disco de Mercurio o Venus durante un tránsito.
Un telescopio solar es el modo más completo de observar el Sol, pues el sistema de filtros que lleva incorporado permite ver muchos detalles de la cromosfera así como las espectaculares protuberancias. En la imagen un Coronado PST sobre una montura ecuatorial portátil SkyWatcher y trípode fotográfico. Realmente no es necesaria una montura ecuatorial para la observación solar, pero la posibilidad de realizar seguimiento (aunque no sea muy preciso por la dificultad de alinear correctamente la montura) facilita bastante la tarea.

lunes, 4 de abril de 2016

El cielo en abril de 2016

La primavera es la estación más esperada por los observadores de galaxias. La zona del cielo en la que se encuentra el polo galáctico alcanza la mejor posición sobre el horizonte para ser estudiada a una hora razonable, lo que implica que cuando miramos hacia la región que abarcan las constelaciones de la Cabellera de Berenice y Virgo estamos mirando en dirección perpendicular al plano de la Vía Láctea y por tanto hay menos estrellas, polvo y nebulosas que impidan que llegue la luz de otras galaxias. Para su observación necesitamos cielos oscuros, una buena abertura de tubo óptico y tenemos que trabajar con oculares luminosos que proporcionen los mínimos aumentos. Las constelaciones visibles estos meses con un mayor número y diversidad de galaxias son Virgo, la Cabellera de Berenice, Leo, los Perros de Caza, la Osa Mayor y Leo.

Planetas

Venus va desapareciendo entre las luces del amanecer conforme se acerca a su conjunción superior. En la mañana del 6 de abril a las 7:00 T.U. -y por tanto ya con el Sol sobre el horizonte- será ocultado por la Luna, fenómeno que resultará difícil de observar. Por otro lado Júpiter se convierte en el astro más brillante del firmamento nocturno, visible durante toda la noche en la constelación de Leo. Conforme pasen los días Marte (en la constelación de Ofiuco, a unos cinco grados al norte de Antares) incrementará su brillo de modo notable mientras se aproxima a su oposición del 22 de mayo, cuando estará en el mejor momento para su observación a través del telescopio. También en Ofiuco podremos encontrar a Saturno, que irá adelantando su salida mientras avanza el mes. En cuanto a Mercurio lo encontraremos en su mejor posición entre los días 15 y 20 sobre el horizonte oeste-noroeste después de la puesta de sol.

Luna

Más fácil de observar que la ocultación de Venus será el paso de la luna creciente por el rico campo de las Hiades durante el anochecer del 10 de abril. Para ello lo ideal es utilizar unos prismáticos o un telescopio con una distancia focal pequeña.



La luna nueva tendrá lugar el 7 de abril en Piscis, pasará por cuarto creciente el día 14 en Géminis para llegar a fase llena el 22 en Virgo. El 30 de abril estará en cuarto menguante en la constelación de Capricornio.

Lluvias de estrellas

La principal lluvia de meteoros del mes de abril recibe el nombre de Líridas por tener su radiante cerca de la constelación de la Lira. Se pueden observar a partir de la mitad del mes esperándose el máximo de actividad en la madrugada del día 22, de modo que al coincidir con la luna llena será difícil su observación por la elevada iluminación del fondo del cielo.


martes, 15 de marzo de 2016

El Misterio Final

El proyecto musical cósmico que nunca vio la luz


Probar cosas nuevas es uno de los mejores regalos que podemos hacer a nuestras neuronas, ya sean nuevos sabores, sensaciones, las vivencias de un viaje o una música que nunca hemos escuchado antes. Para ello, también con la música, es esencial liberarse de prejuicios y abrir nuestros sentidos de par en par, superando esas barreras culturales o conceptuales a las que estamos tan habituados. Dentro de la música clásica (no me parece desde luego la denominación más acertada) existe una variedad enorme de estilos y un sinfín de compositores que han explorado las más diversas formas creativas, especialmente a partir del siglo XIX. Uno de los descubrimientos que para mí fue más sorprendente fue el de la música de Alexander Scriabin, un compositor ruso poco conocido que vivió entre 1872 y 1915 y que en sus obras tardías exploró sonoridades nuevas, precursoras de estilos aún por llegar con las vanguardias del siglo XX. Sumergirse en su Poema del Éxtasis o en alguna de sus últimas sinfonías supone pasar de momentos que recuerdan al impresionismo francés a otros instantes expresionistas y casi dodecafónicos, lo que requiere desde luego varias audiciones para ir descubriendo todas sus dimensiones.

Scriabin fue un compositor y pianista virtuoso -instrumento al que dedicó buena parte de su obra- que en la última década de su vida se centró en la composición orquestal. Su evolución musical fue paralela al desarrollo de un gran interés por la mística, la teosofía y las obras de Nietzsche, hasta el punto de que se convirtieron en el hilo conductor de sus composiciones, considerando que a través del arte (y de la música por tanto) puede transformarse el Ser Humano. Para entender su obra tampoco podemos pasar por alto otra circunstancia que marcó su vida: poseía habilidad sinestésica, era capaz de percibir colores cuando escuchaba diferentes tonos de sonido, o dicho de otro modo, era capaz de "escuchar colores". Todo esto se combinó con una personalidad un tanto ególatra para terminar otorgándose un papel casi mesiánico, de transformador de la humanidad a través de su arte. Sólo teniendo en cuenta todo esto podemos entender las pretensiones de su última e inconclusa obra: el Misterio Final.

Scriabin proyectó lo que tendría que ser una obra de arte suprema, capaz de integrar la música (interpretada por orquesta, coro, voces solistas, órgano y él mismo al piano) con otras sensaciones a través de la luz, el color, olores, la danza e incluso el tacto entre los asistentes, que no serían meros espectadores sino partícipes en el desarrollo de la monumental obra. El lugar para su ejecución sería un templo construido para tal fin en la India y su duración siete días con sus siete noches. Según nos cuenta Francesc Serracanta en la página "historia de la sinfonía", así describía a un amigo su idea:
"El público no se comportaría como simples espectadores. Todos participarían. La obra requiere un público especial, artistas especiales, y una cultura totalmente nueva. Para su interpretación es necesaria una orquesta, un gran coro mixto, un instrumento para realizar efectos visuales, bailarines, una procesión, incienso, todo articulado con un ritmo textual. La catedral donde se representaría no debería ser de un tipo de piedra simple, sino que su atmósfera debería ir cambiando continuamente siguiendo el desarrollo del Misterio. Esto se lograría mediante nieblas y luces de colores que modificarían los perfiles arquitecturales."
La temática de la obra sería de carácter filosófico, místico o incluso esotérico, muy influenciada por las corrientes orientalistas que estuvieron tan de moda en su época. Cuestiones tan profundas como el origen y destino del Universo, así como el papel y fin de la Humanidad, serían el leitmotiv de tan sublime obra. Cuando Scriabin comenzó a componer su ambicioso proyecto en 1913 habían transcurrido ocho años desde la publicación de la teoría de la relatividad especial de Einstein y faltaban aún dos para que la relatividad general viera definitivamente la luz. Son años en los que se estaba fraguando una de las revoluciones científicas y del pensamiento más importantes de la Historia y que supusieron un cambio en la visión del Universo; sin ir más lejos la relatividad especial tuvo ya su impacto en la filosofía al romper con las ideas tradicionales de espacio y tiempo absolutos e independientes. Scriabin comenzaría el texto de su obra de un modo que, aunque inevitablemente nos recuerde al modelo cosmológico que surgió más tarde con algunas de las soluciones a las ecuaciones de campo de Einstein, seguramente fue inspirado por diversos mitos de la creación.
"Del calor de un momento brota la eternidad
iluminando grandes expansiones de espacio
el infinito late en nuevos mundos
y el sonido abraza al silencio."
Mediante una cruel ironía el destino truncó del modo menos grandilocuente posible la vida de Scriabin cuando apenas llevaba dos años trabajando en el proyecto artístico que debía cambiar al Ser Humano: un grano mal curado bajo el bigote le causó una infección que lo llevó a la tumba en 1915, pues por entonces aún no existían los tratamientos con antibióticos. Del Misterio Final sólo dejó un esbozo fragmentado del acto preliminar, la introducción de más de dos horas que debía situar al público en la complejidad de la obra. Fue años después cuando el compositor Alexander Nemtin (1936-1999), gran admirador de la obra de Scriabin, decidió asumir la difícil tarea de dar forma y reconstruir esta introducción, titulada "Preparación para el Misterio Final", lo que le llevó nada menos que 26 años de su vida. Finalmente se interpretó en 1997 estructurada en tres partes: Universo, Humanidad y Transfiguración.

No es una música fácil de entender, ni mucho menos puede servir de fondo a otra actividad, pues es lo suficiente perturbadora como para reclamar nuestra plena atención. A lo largo de dos horas y cuarenta minutos los momentos de misterio y tensa calma se alternan con explosiones extáticas de una sonoridad y cromatismo apabullantes, que en algunos momentos pueden resultar hasta opresivos. Es de esas obras que cada vez que se escuchan despliegan nuevos matices y suponen un descubrimiento progresivo que no acaba. Es difícil imaginar las sensaciones que transmitiría la obra completa con la puesta en escena que pretendía Scriabin, pero podemos hacernos una ligera idea con el acto preliminar que recompuso Nemtin tras estudiar profundamente la obra de uno de los compositores más innovadores de principios del siglo XX.





martes, 1 de marzo de 2016

Galaxias exóticas. El cúmulo de Perseo (Abell 426)

Parte del cúmulo de galaxias Abell 426. Abajo en el centro está la galaxia gigante supermasiva NGC 1275, una fuente intensa de rayos X.
El cúmulo de galaxias de Perseo constituye una de las mayores concentraciones de masa en el Universo. Está formado por miles de galaxias (muchas elípticas y lenticulares) inmersas en una nube de gas a altísima temperatura y situado a una distancia de unos 250 millones de años luz de nosotros en dirección a la constelación de Perseo. En 1970 se observó que además alberga una potente fuente de rayos X que podría estar relacionada con la galaxia NGC 1275 y con el gas que rodea a todos sus miembros. Recientemente este cúmulo ha sido noticia porque su emisión en altas energías presenta unas peculiaridades difíciles de explicar, que no concuerdan con ningún proceso conocido, y que han llevado a elucubrar con la posibilidad de que sean en parte producidas por materia oscura o partículas exóticas presentes en el plasma a alta temperatura. 

NGC 1275 (en la imagen abajo en el centro) es la galaxia más brillante del grupo, una gigante elíptica supermasiva hacia la que caen otras galaxias, como una espiral situada justo delante en la visual, y cuyos brazos podemos apreciar como jirones desgarrados por el tirón de la elíptica, ofreciendo un inusual aspecto. Además de por su emisión en altas energías NGC 1275 es conocida como la radiofuente Perseus A. Posee un núcleo activo formado posiblemente por un agujero negro supermasivo, de una masa equivalente a 340 millones de estrellas como el sol, hacia el que caen nubes de hidrógeno molecular y materia circundante, lo que provoca sus emisiones. 

lunes, 1 de febrero de 2016

El cielo en febrero y marzo de 2016

Planetas

Durante la primera mitad de febrero los cinco planetas más brillantes y perceptibles a simple vista seguirán compartiendo el cielo del amanecer. No se trata de una conjunción ni "alineación", como han dicho hasta la saciedad algunos medios, simplemente estarán a la vez en el cielo a cierta distancia angular unos de otros. A los que no nos queda otra opción que madrugar podemos aprovechar al menos para darnos un paseo visual por nuestro Sistema Solar. Sería también una ocasión ideal para hacer este recorrido con el telescopio, si es que no se empaña la óptica por las bajas temperaturas propias de estas horas. 

Mirando al sureste el 6 de febrero a las 7:30 (hora oficial peninsular)
Venus será la reina de la mañana sobre el horizonte este-sureste en la constelación de Sagitario, aunque poco a poco irá desplazándose hacia Capricornio conforme avance febrero al tiempo que retrasa su salida y se acerca al Sol. A partir de marzo estará en Acuario y su observación será cada vez más difícil. Por su parte el esquivo Mercurio estará relativamente cerca de Venus en la primera semana de febrero, alcanzando su máxima separación del Sol el día 7, cuando será fácilmente visible entre las luces del alba. A partir de este día irá viéndose más bajo sobre el horizonte y más cerca del Sol hasta que en Marzo dejará de ser observable. El 6 de febrero la Luna menguante (ya camino de desaparecer en su fase nueva) formará un triángulo con los dos planetas interiores, lo que puede ofrecer una imagen fotogénica en los últimos momentos de la noche.

Siguiendo la eclíptica hacia el oeste encontraremos a Saturno en la constelación de Ofiuco, al norte de Antares (la estrella principal de Escorpio), que irá adelantando su orto hasta que al final de marzo saldrá sobre la medianoche. Más al oeste en Libra se sitúa el planeta rojo, Marte, que aumentará rápidamente de brillo y tamaño aparente al telescopio hasta alcanzar el máximo en mayo, cuando tendrá lugar su oposición. Por último, Júpiter será visible en la constelación de Leo, y por tanto estará sobre el horizonte durante casi toda la noche. Alcanzará su oposición el 8 de marzo, de modo que ahora es el mejor momento de observarlo al telescopio.

El cielo poco antes de amanecer el 6 de febrero a las 7:30
Fases de la Luna
  • Cuarto menguante: 1 de febrero (en Libra),1 de marzo (en Ofiuco) y 31 de marzo (en Sagitario).
  • Nueva: 8 de febrero y 9 de marzo en Acuario.
  • Cuarto creciente: 15 de febrero y 15 de marzo en Tauro.
  • Llena: 22 de febrero (en Leo) y 23 de marzo (en Virgo). 
Eclipses

En marzo tendrán lugar dos eclipses, aunque ninguno visible desde nuestras latitudes. El 8 de marzo ocurrirá un eclipse total de Sol observable en una franja que va de Indonesia al Pacífico. Por otro lado el 23 de marzo habrá un eclipse de luna penumbral observable desde el extremo oriental de Asia, Australia y Norteamérica occidental.

Calendario

Al ser 2016 un año bisiesto este mes de febrero tiene 29 días. Para saber más sobre el origen de nuestro calendario os recomiendo leer estos artículos: el calendario romano y el calendario gregoriano

Por otro lado el equinoccio de primavera tendrá lugar el día 20 de marzo a las 4:31 TU, momento en que el Sol pasará por el punto vernal situado en la constelación de Piscis y la duración del día iguala a la de la noche.


jueves, 28 de enero de 2016

¿Qué hay de nuevo planeta X?

Menudo revuelo mediático se ha montado en la última semana acerca del “descubierto” nuevo planeta del Sistema Solar, sobre todo en las redes sociales. Primero vino la oleada sensacionalista dando por hecho que ya tenemos confirmado un nuevo miembro en nuestra familia planetaria, y un día después llegaron las matizaciones, cuando seguramente a alguno de los periodistas se le ocurrió echar un vistazo a la publicación original o a cualquiera de los muchos artículos surgidos en webs especializadas aclarando que de descubrimiento nada, que se trata de una hipótesis que pretende explicar las peculiares características orbitales de algunos cuerpos transneptunianos.

La especulaciones acerca de este cuerpo imaginario no son nuevas, y ya desde comienzos del siglo XX se postuló su existencia más allá de la órbita del por entonces último planeta conocido, Neptuno. La incansable búsqueda del planeta X la inició el excéntrico astrónomo Percival Lowell, quizás más conocido por sus aventuradas teorías sobre una supuesta civilización marciana (de las que hablamos en el artículo “los marcianos”); de hecho puede que su empeño estuviera en parte motivado por un intento de recuperar su prestigio después de que sus fantasiosas teorías marcianas fueran ridiculizadas por la comunidad científica. Igual que el estudio de las órbitas de Júpiter, Saturno y Urano llevó a deducir la presencia de otro planeta (Neptuno, que fue observado y confirmado en 1846), Lowell pensó que había desviaciones de las órbitas teóricas de Urano y Neptuno que podían ser explicadas por la presencia de otro planeta exterior con una masa casi siete veces la terrestre. En el observatorio que construyó en Arizona tomó multitud de datos para localizar al supuesto planeta, pero no obtuvo resultado alguno. No obstante su trabajo fue continuado por un discípulo suyo, Clyde Tombaugh, que en 1930 descubrió Plutón al comparar placas fotográficas de la misma región de cielo, pensando al principio que por fin había dado con el objetivo de su predecesor. Pero al conocerse su masa (menor que la de la Luna) se llegó a la conclusión de que difícilmente podía ser el responsable de las anomalías orbitales de los gigantes helados. Así que la hipótesis del planeta X siguió siendo motivo de debate, hasta que definitivamente perdió fuerza cuando los datos de la sonda Voyager 2 permitieron conocer con exactitud la masa de Neptuno y al recalcular las órbitas se vio que no hacía falta ningún planeta adicional para explicarlas.

El ser del planeta X (blog de cine)
Sin embargo, y al igual que ocurrió con los canales marcianos, el misterioso planeta X caló en el imaginario colectivo, ocupando su lugar en la ciencia ficción a través del cómic y el cine de serie B, donde se vieron reflejadas diversas teorías pseudocientíficas de carácter apocalíptico. Ya fuera el planeta X, o Némesis -una especulación parecida en la que se supone que el Sol es un sistema binario con una compañera responsable de desestabilizar la nube de Oort periódicamente, y por tanto de ocasionar las diversas extinciones masivas acaecidas en la Tierra- el misterioso e invisible cuerpo irrumpe provocando un cataclismo. Por ejemplo, en el "El ser del planeta X" un habitante de ese planeta, que está en rumbo de colisión con la Tierra, acaba en las costas de Escocia para encontrarse con un científico que está precisamente estudiando la trayectoria de este cuerpo. Hubo quien realmente planteó una órbita para este fantasioso planeta, que después algunos identificaron con el Nibiru de la mitología babilónica originando un batiburrillo esotérico que aún hoy da que hablar. Otra versión no menos estrambótica es la del conocido Hercólubus, sobre el que circula aún un libelo cuyo contenido no es más que una demencial soflama sólo explicable por los efectos una sobredosis de ayahuasca en una mente reprimida.

Recreación artística del supuesto noveno planeta (Caltech)
El motivo de que hoy estemos hablando nuevamente del planeta X es análogo al que inició esta historia. Tras descubrirse multitud de cuerpos más allá de la órbita de Neptuno de naturaleza parecida a la de Plutón (lo que ha obligado a redefinir el concepto de planeta) y calcular sus órbitas se ha comprobado que algunas de ellas presentan unas características muy peculiares que podrían explicarse asumiendo la existencia de un planeta del tamaño de Neptuno situado a 200 veces la distancia de la Tierra al Sol, de órbita bastante excéntrica que completaría en unos 15.000 años. Pero este planeta no se ha observado ni confirmado, sólo es una explicación factible para las órbitas de algunos transneptunianos, resultado de aplicar modelos matemáticos. Detectar este hipotético planeta sería posible con los medios actuales, aunque llevará mucho tiempo barrer con telescopios en infrarrojo la zona del cielo donde podría encontrarse, que además coincide aproximadamente con el plano galáctico, lo que complica la labor. Ese momento será sin duda histórico y obligará a redefinir algunas ideas sobre la evolución del Sistema Solar, así como nuevamente el mismo concepto de planeta. Entonces sí podremos hablar sin duda de un importante descubrimiento.

Órbita calculada para el hipotético noveno planeta, que explicaría las peculiaridades de diversos cuerpos transneptunianos (Caltech)