Google+ Los Colores de la Noche
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viernes, 25 de julio de 2014

La astrofotografía (II). Fotografía de gran campo con seguimiento

Cámara acoplada en paralelo al telescopio
En la primera entrada dedicada a la astrofotografía vimos unas nociones básicas sobre la realización de tomas del cielo nocturno con el material asequible que tiene cualquier aficionado a la fotografía. La limitación más importante que nos encontramos es que el movimiento aparente de las estrellas nos impide practicar con tiempos de exposición lo bastante altos como para sacar más detalles del cielo, y aunque las cámaras digitales permiten sensibilidades elevadas, el ruido que aparece en la toma mermará la nitidez. Para tomas largas sin trazos estelares no nos queda entonces otro remedio que seguir el movimiento aparente de las estrellas mientras está abierto el obturador. Para esto es imprescindible contar con una montura ecuatorial motorizada que, previamente alineada con el Polo Celeste, proporcione un movimiento suave y preciso que compense el movimiento de rotación terrestre. 

¿Es entonces necesario disponer de un equipo astronómico más o menos avanzado para obtener imágenes del cielo estrellado con cierto grado de detalle? Hoy en día algunas marcas comercializan soluciones pensadas para la fotografía de gran campo, que realizan un seguimiento con una precisión suficiente para tomas de varios minutos. Se trata de trípodes fotográficos que en lugar de tener el clásico cabezal disponen de un pequeño sistema motorizado que se puede alinear con la Estrella Polar. Por ejemplo está el Vixen Polarie, cuya principal ventaja es su reducido peso y dimensiones (lo que permite transportarlo en una mochila sin problemas), pero con el inconveniente de que el conjunto (con los accesorios necesarios) se pone cerca de los mil euros, precio por el cual se puede conseguir un telescopio digno. Por tanto si queremos profundizar en la observación astronómica es preferible disponer de una buena montura ecuatorial. 

La montura ecuatorial alemana. Puesta en estación, alineación y calibrado 

La montura es una parte fundamental de nuestro equipo astronómico, sobre todo si vamos a practicar la astrofotografía. Como explico en este artículo sobre el telescopio, las monturas más versátiles y más utilizadas en astronomía son las ecuatoriales, y en concreto las monturas ecuatoriales alemanas. Esta montura está dispuesta en dos ejes que son perpendiculares entre sí. El eje polar se alinea con el Polo Celeste y nos permite el movimiento en ascensión recta (que es la coordenada celeste análoga a la longitud terrestre); perpendicular a éste se sitúa el eje de declinación (la coordenada análoga a la latitud terrestre), en cuyos extremos se sitúa el tubo óptico y una barra contrapesada para equilibrar el sistema. Esta montura permite -una vez alineada- buscar un objeto por sus coordenadas celestes y realizar un seguimiento más preciso compensando la rotación terrestre mediante un movimiento suave sobre el eje polar. Merece la pena que nos detengamos a explicar brevemente el proceso que se debe seguir con una montura ecuatorial alemana motorizada e informatizada, que es análogo en todas las marcas y modelos. 

domingo, 1 de junio de 2014

Triple tránsito en Júpiter

En la última entrada comentábamos que uno de los fenómenos que pueden observarse en el disco de Júpiter son las sombras de sus principales satélites, que se aprecian al telescopio como unos puntitos negros claramente contrastados sobre las bandas nubosas del gigante gaseoso. El tránsito de un satélite galileano y su sombra es bastante frecuente, pero no lo es tanto que se produzca el de tres a la vez. Esto ocurrirá el próximo martes 3 de junio, cuando las sombras de Calisto, Europa y Ganímedes coincidan sobre las nubes de Júpiter. Para poder observarlas desde la Península Ibérica tendremos que dirigir el telescopio a Júpiter antes de las 19:44 T.U (21:44 hora oficial española), momento en que finalizará el tránsito de la sombra de Calisto, y poco después será la sombra de Europa la que abandone la escena (a las 19:53 T.U); quedará la sombra de Ganímedes hasta las 21:33 T.U (23:33 hora oficial peninsular), cuando Júpiter esté ya muy bajo sobre el horizonte. Para ver las tres sombras tendremos que localizar Júpiter entre las luces de la tarde, cuando aún no han pasado apenas unos minutos tras la puesta de Sol, lo que puede ser una tarea difícil por el exceso de luz de fondo. Primero podemos buscar la Luna, que estará en fase creciente aún bastante alta sobre el horizonte; Júpiter se tendría que empezar a distinguir más o menos en la mitad del arco imaginario que uniría la Luna y el punto del ocaso solar. Podemos ayudarnos con unos prismáticos antes de intentar centrarlo con el telescopio. Con suerte podremos ver también al planeta Mercurio. 

El cielo mirando al oeste-noroeste el 3 de junio tras la puesta de Sol
Aspecto que presentará Júpiter el 3 de junio a las 19:35 T.U. La sombra más cercana al borde del disco de Júpiter es la de Calisto y al lado se encuentra la de Europa. En el centro del disco se apreciará claramente la sombra de Ganímedes, a la que le quedarán aún cerca de dos horas de tránsito. 

sábado, 24 de mayo de 2014

Un recorrido por el Sistema Solar sin movernos del jardín de casa

Durante las noches de la segunda mitad de esta primavera tenemos la mayor parte de los planetas sobre el horizonte y es buen momento de identificarlos en el cielo y observarlos a través del telescopio. Además no necesitamos alejarnos mucho de los pueblos porque los planetas son cuerpos bastante luminosos que no requieren un cielo muy oscuro. Los detalles que seamos capaces de distinguir dependerán del estado de la atmósfera (el "seeing") y las características de nuestro telescopio, que condicionarán el aumento máximo del que podamos disponer (para más detalles podéis consultar este artículo sobre el telescopio). 

El cielo mirando al noroeste el 25 de mayo una hora tras la puesta de Sol
Justo después de ponerse el Sol, y si disponemos de un horizonte hacia el oeste-noroeste muy despejado, podemos ver a Mercurio brillar a poca altura entre las luces del ocaso. Este pequeño planeta presenta poco atractivo al telescopio (salvo apreciar sus fases) pues la turbulencia atmosférica propia de su situación baja sobre el horizonte hace que se nos muestre una imagen muy inestable. A partir de los últimos días de mayo irá perdiendo altura y brillo para perderse detrás del Sol a mediados de junio y volver a los cielos de la mañana. 

Si levantamos la vista sobre el horizonte occidental y noroccidental apreciaremos un conjunto de astros bastante brillantes. Se trata de algunas de las estrellas que dominaban las noches invernales, como Capella, Pollux, Castor y Procyon; pero entre todos destaca por su brillo el planeta Júpiter, el mayor gigante gaseoso de nuestro Sistema Solar. Podemos hacer nuestra primera aproximación con unos prismáticos para distinguir su disco y los cuatro satélites galileanos (Ío, Europa, Ganímedes y Calisto). Con el telescopio un buen ejercicio es comenzar con pocos aumentos e ir cambiando el ocular hasta llegar al límite. Si la imagen vibra y se mueve por la turbulencia conviene mantenerse atento y esperar los momentos en los que se aprecian más detalles. Al menos dos bandas nubosas, la gran (aunque menguante) mancha roja y alguna mancha ovalada entre las bandas se nos pueden mostrar con claridad. Tamién podemos distinguir la sombra proyectada por algún satélite en tránsito. Júpiter irá acercándose en el cielo al Sol y disminuyendo su tamaño aparente conforme pasen los días, de modo que tenemos que aprovechar lo que queda de mayo y parte de junio antes de que se encuentre demasiado bajo y afectado por la turbulencia.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Una nueva lluvia de estrellas

En la segunda mitad de mayo de este año está previsto que la Tierra intercepte los restos dejados por el cometa 209P/LINEAR entre 1880 y 1924, un pequeño cometa de muy baja actividad que completa una órbita alrededor del Sol en 5 años. Según los pronósticos esto tendrá lugar durante la madrugada del 24 de mayo

Debido a la novedad y a la incertidumbre sobre la tasa horaria de actividad hay medios que ya están hablando de tormenta (cientos de meteoros por hora) mientras que otros más pesimistas no creen que llegue ni de lejos a ser comparable con las Perseidas. En cualquier caso hay que tener en cuenta que el principal pico de actividad está previsto entre las 6 y 8 horas T.U (entre las 8 y 10 hora oficial española), cuando en Europa ya será de día. Por este motivo para tener las mejores probabilidades de captación de estrellas fugaces conviene observar en los momentos más cercanos al amanecer. El radiante se situará en la región circumpolar, en la constelación de Camelopardalis (la Jirafa). 

Región circumpolar el 24 de mayo antes de amanecer. El radiante se espera en la constelación de la Jirafa

miércoles, 30 de abril de 2014

Primavera intergaláctica

Es difícil describir la emoción que sentí cuando observé por primera vez una galaxia al telescopio. Fue hace casi 20 años con un sencillo reflector tipo Newton de 114 mm, posiblemente el instrumento con el que nos hemos iniciado muchos a la Astronomía. Me faltó tiempo para dirigirlo a las constelaciones de Virgo, Leo y la Cabellera de Berenice, esas zonas del cielo oscuras y con pocas estrellas que no llaman especialmente la atención en las noches de primavera. Basta un simple barrido por estas regiones del cielo -a partir de algunas estrellas de referencia- para observar en el campo del ocular un sinnúmero de manchas difusas de luz en el límite de la percepción, fantasmales y fascinantes. Sin saber realmente lo que se está viendo, una galaxia al telescopio es algo anodino y decepcionante para quien espera ver el despliegue de luz y color de las fotografías del Telescopio Espacial. Pero esta percepción cambia radicalmente cuando se toma consciencia de lo que se observa. 

El Triplete de Leo, formado por las galaxias M65 (arriba), M66 (abajo a la derecha) y NGC 3628 (izquierda), situadas a unos 35-36 millones de años luz de nosotros. La imagen corresponde a una sola toma de dos minutos de exposición a 3200 ISO con filtro CLS antipolución lumínica (de ahí el color azulado), con telescopio refractor de 127 mm de abertura y 952 mm de focal. Esta imagen puede aproximarse a lo que veríamos a través de un instrumento ya de cierta abertura (Máximo Bustamante). 
Pongamos como ejemplo la galaxia M84, que en un pequeño reflector se aprecia como una débil luz difusa un poco más brillante en su centro. Es tan débil que no llega a excitar a los conos de nuestra retina, de modo que no apreciamos color alguno (como ocurre con la observación visual de casi todos los objetos de cielo profundo). La gran diferencia de percibir esta galaxia al telescopio a ver una fotografía del HST es que en el primer caso los fotones que estimulan los bastoncillos de nuestra retina han hecho un largo viaje desde las profundidades del espacio y el tiempo hasta llegar a nosotros. M84 es una gran galaxia elíptica situada a unos 60 millones de años luz, lo que quiere decir que su luz ha necesitado 60 millones de años para salvar la distancia que nos separa (a una velocidad cercana a los 300.000 km/s). Si nos resulta más fácil captar la inmensidad de esta cifra en kilómetros sólo tenemos que multiplicar 60.000.000 por los kilómetros que tiene un año luz (300.000 x 60 x 60 x 24 x 365), lo que nos da 567.648.000.000.000.000.000 km, cifra que se leería como quinientos sesenta y siete trillones seiscientos cuarenta y ocho mil billones de kilómetros (creo). Por más que lo intentemos no hay modo de imaginar este número, pues su tamaño es completamente ajeno a nuestra realidad inmediata. Mejor intentemos captar el abismo temporal que hay entre el momento en que tenemos el ojo pegado al ocular y el instante del pasado en que el fotón fue liberado por una estrella de esta galaxia, hace 60 millones de años. Cuando esta luz inició su viaje desde la fotosfera de una estrella (por ejemplo), la Biosfera de nuestro planeta se estaba recuperando del impacto meteórico que probablemente acabó con los grandes reptiles y que dio paso al dominio de los mamíferos. La montaña sobre la que está mi telescopio seguramente no existía y sus rocas aún eran sedimentos cubiertos por el mar que comenzaban a ser comprimidos por el choque de dos placas tectónicas. Dentro de 60 millones de años si alguien en M84 dirige su telescopio (o instrumento equivalente) a esa distante galaxia espiral que llamamos Vía Láctea, percibirá la imagen de nuestra galaxia tal y como era cuando yo estaba observando M84, pero posiblemente en ese momento futuro de mí sólo queden si acaso fósiles ya antiguos. El telescopio es una máquina del tiempo que no necesita motores cuánticos, propulsores relativistas ni navegantes en tanques de especia capaces de plegar el tejido espacio-temporal; sólo hacen falta unos cielos transparentes y oscuros para sumergirnos en el tiempo.

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