Google+ Los Colores de la Noche
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domingo, 1 de junio de 2014

Triple tránsito en Júpiter

En la última entrada comentábamos que uno de los fenómenos que pueden observarse en el disco de Júpiter son las sombras de sus principales satélites, que se aprecian al telescopio como unos puntitos negros claramente contrastados sobre las bandas nubosas del gigante gaseoso. El tránsito de un satélite galileano y su sombra es bastante frecuente, pero no lo es tanto que se produzca el de tres a la vez. Esto ocurrirá el próximo martes 3 de junio, cuando las sombras de Calisto, Europa y Ganímedes coincidan sobre las nubes de Júpiter. Para poder observarlas desde la Península Ibérica tendremos que dirigir el telescopio a Júpiter antes de las 19:44 T.U (21:44 hora oficial española), momento en que finalizará el tránsito de la sombra de Calisto, y poco después será la sombra de Europa la que abandone la escena (a las 19:53 T.U); quedará la sombra de Ganímedes hasta las 21:33 T.U (23:33 hora oficial peninsular), cuando Júpiter esté ya muy bajo sobre el horizonte. Para ver las tres sombras tendremos que localizar Júpiter entre las luces de la tarde, cuando aún no han pasado apenas unos minutos tras la puesta de Sol, lo que puede ser una tarea difícil por el exceso de luz de fondo. Primero podemos buscar la Luna, que estará en fase creciente aún bastante alta sobre el horizonte; Júpiter se tendría que empezar a distinguir más o menos en la mitad del arco imaginario que uniría la Luna y el punto del ocaso solar. Podemos ayudarnos con unos prismáticos antes de intentar centrarlo con el telescopio. Con suerte podremos ver también al planeta Mercurio. 

El cielo mirando al oeste-noroeste el 3 de junio tras la puesta de Sol
Aspecto que presentará Júpiter el 3 de junio a las 19:35 T.U. La sombra más cercana al borde del disco de Júpiter es la de Calisto y al lado se encuentra la de Europa. En el centro del disco se apreciará claramente la sombra de Ganímedes, a la que le quedarán aún cerca de dos horas de tránsito. 

sábado, 24 de mayo de 2014

Un recorrido por el Sistema Solar sin movernos del jardín de casa

Durante las noches de la segunda mitad de esta primavera tenemos la mayor parte de los planetas sobre el horizonte y es buen momento de identificarlos en el cielo y observarlos a través del telescopio. Además no necesitamos alejarnos mucho de los pueblos porque los planetas son cuerpos bastante luminosos que no requieren un cielo muy oscuro. Los detalles que seamos capaces de distinguir dependerán del estado de la atmósfera (el "seeing") y las características de nuestro telescopio, que condicionarán el aumento máximo del que podamos disponer (para más detalles podéis consultar este artículo sobre el telescopio). 

El cielo mirando al noroeste el 25 de mayo una hora tras la puesta de Sol
Justo después de ponerse el Sol, y si disponemos de un horizonte hacia el oeste-noroeste muy despejado, podemos ver a Mercurio brillar a poca altura entre las luces del ocaso. Este pequeño planeta presenta poco atractivo al telescopio (salvo apreciar sus fases) pues la turbulencia atmosférica propia de su situación baja sobre el horizonte hace que se nos muestre una imagen muy inestable. A partir de los últimos días de mayo irá perdiendo altura y brillo para perderse detrás del Sol a mediados de junio y volver a los cielos de la mañana. 

Si levantamos la vista sobre el horizonte occidental y noroccidental apreciaremos un conjunto de astros bastante brillantes. Se trata de algunas de las estrellas que dominaban las noches invernales, como Capella, Pollux, Castor y Procyon; pero entre todos destaca por su brillo el planeta Júpiter, el mayor gigante gaseoso de nuestro Sistema Solar. Podemos hacer nuestra primera aproximación con unos prismáticos para distinguir su disco y los cuatro satélites galileanos (Ío, Europa, Ganímedes y Calisto). Con el telescopio un buen ejercicio es comenzar con pocos aumentos e ir cambiando el ocular hasta llegar al límite. Si la imagen vibra y se mueve por la turbulencia conviene mantenerse atento y esperar los momentos en los que se aprecian más detalles. Al menos dos bandas nubosas, la gran (aunque menguante) mancha roja y alguna mancha ovalada entre las bandas se nos pueden mostrar con claridad. Tamién podemos distinguir la sombra proyectada por algún satélite en tránsito. Júpiter irá acercándose en el cielo al Sol y disminuyendo su tamaño aparente conforme pasen los días, de modo que tenemos que aprovechar lo que queda de mayo y parte de junio antes de que se encuentre demasiado bajo y afectado por la turbulencia.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Una nueva lluvia de estrellas

En la segunda mitad de mayo de este año está previsto que la Tierra intercepte los restos dejados por el cometa 209P/LINEAR entre 1880 y 1924, un pequeño cometa de muy baja actividad que completa una órbita alrededor del Sol en 5 años. Según los pronósticos esto tendrá lugar durante la madrugada del 24 de mayo

Debido a la novedad y a la incertidumbre sobre la tasa horaria de actividad hay medios que ya están hablando de tormenta (cientos de meteoros por hora) mientras que otros más pesimistas no creen que llegue ni de lejos a ser comparable con las Perseidas. En cualquier caso hay que tener en cuenta que el principal pico de actividad está previsto entre las 6 y 8 horas T.U (entre las 8 y 10 hora oficial española), cuando en Europa ya será de día. Por este motivo para tener las mejores probabilidades de captación de estrellas fugaces conviene observar en los momentos más cercanos al amanecer. El radiante se situará en la región circumpolar, en la constelación de Camelopardalis (la Jirafa). 

Región circumpolar el 24 de mayo antes de amanecer. El radiante se espera en la constelación de la Jirafa

miércoles, 30 de abril de 2014

Primavera intergaláctica

Es difícil describir la emoción que sentí cuando observé por primera vez una galaxia al telescopio. Fue hace casi 20 años con un sencillo reflector tipo Newton de 114 mm, posiblemente el instrumento con el que nos hemos iniciado muchos a la Astronomía. Me faltó tiempo para dirigirlo a las constelaciones de Virgo, Leo y la Cabellera de Berenice, esas zonas del cielo oscuras y con pocas estrellas que no llaman especialmente la atención en las noches de primavera. Basta un simple barrido por estas regiones del cielo -a partir de algunas estrellas de referencia- para observar en el campo del ocular un sinnúmero de manchas difusas de luz en el límite de la percepción, fantasmales y fascinantes. Sin saber realmente lo que se está viendo, una galaxia al telescopio es algo anodino y decepcionante para quien espera ver el despliegue de luz y color de las fotografías del Telescopio Espacial. Pero esta percepción cambia radicalmente cuando se toma consciencia de lo que se observa. 

El Triplete de Leo, formado por las galaxias M65 (arriba), M66 (abajo a la derecha) y NGC 3628 (izquierda), situadas a unos 35-36 millones de años luz de nosotros. La imagen corresponde a una sola toma de dos minutos de exposición a 3200 ISO con filtro CLS antipolución lumínica (de ahí el color azulado), con telescopio refractor de 127 mm de abertura y 952 mm de focal. Esta imagen puede aproximarse a lo que veríamos a través de un instrumento ya de cierta abertura (Máximo Bustamante). 
Pongamos como ejemplo la galaxia M84, que en un pequeño reflector se aprecia como una débil luz difusa un poco más brillante en su centro. Es tan débil que no llega a excitar a los conos de nuestra retina, de modo que no apreciamos color alguno (como ocurre con la observación visual de casi todos los objetos de cielo profundo). La gran diferencia de percibir esta galaxia al telescopio a ver una fotografía del HST es que en el primer caso los fotones que estimulan los bastoncillos de nuestra retina han hecho un largo viaje desde las profundidades del espacio y el tiempo hasta llegar a nosotros. M84 es una gran galaxia elíptica situada a unos 60 millones de años luz, lo que quiere decir que su luz ha necesitado 60 millones de años para salvar la distancia que nos separa (a una velocidad cercana a los 300.000 km/s). Si nos resulta más fácil captar la inmensidad de esta cifra en kilómetros sólo tenemos que multiplicar 60.000.000 por los kilómetros que tiene un año luz (300.000 x 60 x 60 x 24 x 365), lo que nos da 567.648.000.000.000.000.000 km, cifra que se leería como quinientos sesenta y siete trillones seiscientos cuarenta y ocho mil billones de kilómetros (creo). Por más que lo intentemos no hay modo de imaginar este número, pues su tamaño es completamente ajeno a nuestra realidad inmediata. Mejor intentemos captar el abismo temporal que hay entre el momento en que tenemos el ojo pegado al ocular y el instante del pasado en que el fotón fue liberado por una estrella de esta galaxia, hace 60 millones de años. Cuando esta luz inició su viaje desde la fotosfera de una estrella (por ejemplo), la Biosfera de nuestro planeta se estaba recuperando del impacto meteórico que probablemente acabó con los grandes reptiles y que dio paso al dominio de los mamíferos. La montaña sobre la que está mi telescopio seguramente no existía y sus rocas aún eran sedimentos cubiertos por el mar que comenzaban a ser comprimidos por el choque de dos placas tectónicas. Dentro de 60 millones de años si alguien en M84 dirige su telescopio (o instrumento equivalente) a esa distante galaxia espiral que llamamos Vía Láctea, percibirá la imagen de nuestra galaxia tal y como era cuando yo estaba observando M84, pero posiblemente en ese momento futuro de mí sólo queden si acaso fósiles ya antiguos. El telescopio es una máquina del tiempo que no necesita motores cuánticos, propulsores relativistas ni navegantes en tanques de especia capaces de plegar el tejido espacio-temporal; sólo hacen falta unos cielos transparentes y oscuros para sumergirnos en el tiempo.

miércoles, 29 de enero de 2014

Supernova en M82

Las galaxias M81 y M82 son de las más visitadas por los astrónomos aficionados, pues se trata de una pareja asequible para telescopios modestos y muy fotogénica en astrofotografía. El día 21 de enero un grupo de alumnos del University College de Londres estaba realizando prácticas de Astronomía y cuando dirigieron el telescopio a M82 les llamó la atención un punto brillante que en las fotografías habituales de la galaxia no aparece. Tras hacer diversas comprobaciones y contrastar las observaciones dieron parte a un observatorio profesional de Nuevo México, que al final confirmó que se trataba de una supernova tipo I-a designada como SN2014J. Al ser una galaxia muy fotografiada por aficionados se pudo comprobar que realmente la supernova apareció el día 15 de enero, pasando desapercibida seis días. Su brillo está sobre las 11 magnitudes, que la convierte en fácilmente accesible con telescopios de aficionado. 

Localización de M81 y M82
   
Localización de M81 y M82 a partir del Gran Carro
M81 se puede localizar en la Osa Mayor con prismáticos y pequeños telescopios aproximadamente en la recta que une las estrellas Phecda y Dubhe, quedando esta última casi equidistante de M81 y Phecda. Al telescopio se aprecia claramente un objeto difuso grande con un núcleo puntual muy brillante, y en tomas fotográficas se ve una galaxia espiral de extensos brazos azulados. Muy cerca (0,75º en el cielo) está la galaxia irregular M82, proximidad que no es fruto de la perspectiva, pues se encuentra de la primera a unos 150.000 años luz, de modo que tienen una clara relación gravitatoria. De hecho se cree que hace tan sólo unas decenas de miles de años interaccionaron profundamente, lo que dejó importantes huellas en ambas, más acusadas en M82. Esta galaxia se observa a través del telescopio como una mancha alargada bien definida (lo que le ha costado el sobrenombre de "Galaxia del Cigarro") y con diámetros mayores se aprecia que está partida en dos por una franja oscura. En tomas fotográficas de larga exposición se aprecian además dos chorros de gas que emergen de la franja oscura, lo que sumado a su emisión en radio hace pensar que se trata de una zona de violenta actividad estelar consecuencia del reciente acercamiento con su vecina M81. De hecho si observamos el cielo en infrarrojo M82 es la galaxia más brillante. Esta pareja se encuentra a 12 millones de años luz de nosotros.

M81 (en el centro) y M82 (a la izquierda). Toma de 2 minutos a 3200 ISO y con filtro CLS (M. Bustamante)

¿Qué es una supernova tipo I-a?

Recreación artística de una supernova tipo Ia (NASA)
Una supernova tipo I-a tiene como protagonista a un sistema binario formado por una gigante roja y una enana blanca. Las capas más externas de la gigante roja están poco ligadas a su estrella y pueden ser atraidas por la compañera. Si se activan las reacciones de fusión del hidrógeno en la capa exterior de la enana blanca al caer sobre ella el nuevo material ocurre lo que se conoce como "nova", un fenómeno menos energético y más frecuente que la supernova, que no implica la destrucción de la estrella sino sólo una reactivación temporal de sus procesos nucleares que se aprecian como un incremento repentino de brillo. Pero si el material cae con suficiente rapidez como para que la enana blanca supere el límite de las 1,44 masas solares (límite de Chandrasekhar) se desencadena el colapso de la estrella, aumentando la temperatura y presión de tal modo que repentinamente reinicia las reacciones de fusión en todas sus capas en cuestión de segundos, generando una onda de choque tan poderosa que destruye la estrella sin que quede resto alguno. La compañera -o lo que quede de ella- se verá arrojada a gran velocidad al espacio interestelar, dando lugar a lo que se conoce como "estrella fugitiva". La mayor parte de esta energía se libera en forma de luz dando lugar a un evento muy brillante.

Este tipo de supernovas pueden ser las más brillantes de todas, pudiéndose detectar a enormes distancias, incluso en galaxias muy lejanas. Gracias a las que se han observado en galaxias cuya distancia era previamente conocida, se ha llegado a la conclusión de que este fenómeno sigue un patrón más o menos común y presenta una curva de luz característica. Así, mediante la medición del brillo aparente una supernova tipo Ia y conociendo su curva de luz se puede calcular su distancia y la de la galaxia que la alberga. Esto explica el interés de los astrónomos por localizar supernovas I.a en galaxias cuya distancia aún no se conoce con precisión.

En el caso de la supernova aparecida en M82, el interés por su estudio radica en su relativa proximidad ("sólo" 12 millones de años luz), lo que permitirá conocer mejor su espectro, naturaleza y evolución; esto permitirá obtener resultados más precisos en el cálculo de distancias a otras galaxias más lejanas en las que se observe este tipo de fenómeno.

Imagen de la supernova aparecida en M82 tomada por JOSE LUIS MÁRQUEZ REGUEIRO

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