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sábado, 1 de diciembre de 2018

La astrofotografía (III). Fotografia planetaria


El verano de 2018 ha sido especial para la observación de los planetas. Marte ha pasado por una de sus mejores oposiciones y ha coincidido en el cielo nocturno con Júpiter y Saturno, los planetas más interesantes por los detalles que se pueden apreciar en su disco. También Mercurio y Venus estaban justo después de anochecer sobre el horizonte, y aguantando hasta el amanecer se podía observar Urano y Neptuno. Así que a lo largo de las noches de julio y agosto han desfilado todos los planetas del Sistema Solar por la bóveda celeste. Era un buen momento para iniciarme con la fotografía planetaria.

Para los que estamos habituados a la astrofotografía de cielo profundo con objetos débiles (y por tanto exposiciones largas), trabajar con la Luna o los planetas es un mundo aparte. Aquí tenemos objetos muy brillantes, y además -como en el caso de los planetas- con un tamaño aparente muy pequeño. Por tanto el enemigo de la observación y fotografía de planetas es la turbulencia atmosférica y no tanto el que haya o no luminosidad de fondo. Es algo que se aprecia perfectamente en la observación visual, pues para detectar detalles no nos queda otra que insertar oculares que proporcionen todo el aumento posible, y entonces nos encontramos con una imagen que parece estar en el fondo de una piscina, vibrando continuamente y que sólo por momentos parece detenerse. La única forma de apreciar detalles es tener paciencia y esperar un buen rato observando para aprovechar esos breves momentos de estabilidad en los que de repente aparecen las bandas de Júpiter o la división de Cassini en los anillos de Saturno. Si queremos dar el salto a la fotografía e insertamos la cámara reflex -o asomamos al ocular una compacta- para tomar una instantánea lo más probable es que nos llevemos una decepción al ver una imagen borrosa y con pocos detalles, por mucho que subamos la velocidad de obturación. Eso es porque con una única toma es muy difícil captar ese momento en el que la atmósfera en dirección al planeta se queda lo suficientemente quieta. ¿Cuál es la solución entonces? Como estamos ante objetos muy brillantes es factible realizar muchas tomas y lo más rápido posible. O lo que es lo mismo: grabar un vídeo, obteniendo varias decenas de fotogramas por segundo.

Así, las diferencias fundamentales que se dan entre la fotografía planetaria y la de cielo profundo son: